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EL VETO MIGRATORIO

Historias de la frontera

La ley antiinmigración de Trump genera dramas humanos y testimonios de solidaridad

BEGOÑA GONZÁLEZ

A primera vista todo parece normal, unos manifestantes con sus hijos a hombros sujetan pancartas contra el veto antiinmigración aprobado esta semana por Donald Trump. No parece más que otra imagen de las muchas que han mostrado los medios de comunicación esta semana, pero no lo es. Los dos hombres de la imagen con sus hijos a hombros son un judío y un musulmán.

El pasado lunes, el fotógrafo del Chicago Tribune Nuccio DiNuzzo captó un momento compartido entre estos dos padres y sus respectivos hijos en una protesta en el O’Hare International Airport de Chicago. “Mi hijo, Adin, quería acercarse más al frente de la multitud para ver mejor a la gente que pasaba”, explicó a los medios el rabino Jordan Bendat-Appell. “Estaba muy emocionado por estar allí. Me pidió que lo subiera a mis hombros y acabamos al lado de Fatih y su familia”, recordó sin darle más importancia.

El rabino explicó que una vez ahí mantuvieron una “bonita conversación” y que justo cuando el fotógrafo les hizo la foto Yildirim le estaba preguntando dónde encontrar un asador kosher (un restaurante que respeta los preceptos de la religión judía).

“Lo maravilloso es que se trataba de una interacción muy humana. No éramos un judío y un musulmán, sino dos seres humanos levantándose por algo que merece la pena”, contó concienciado. Bendat-Appell y Yildirim contactaron después de la protesta. El rabino invitó a su familia para la cena de shabat. “Yo voy a preparar carne y él traerá baklava”, dijo el rabino. 

“Espero que cuando la gente vea esta foto ―y creo que Fatih está de acuerdo conmigo en esto― se den cuenta de que podemos unirnos, de que todos somos humanos y de que hasta los niños entienden que, como seres humanos, debemos tomar una simple decisión: podemos elegir ser buenos y cariñosos aunque tengamos motivos para el temor y la desconfianza”, añadió visiblemente emocionado. 

"SE HA IDO POR SU CULPA"

Mike Hager y su madre habían vivido en Estados Unidos durante más de 21 años y habían viajado juntos a su Irak natal del que huyeron por la guerra. Su madre estaba enferma y recibía tratamiento en Estados Unidos, pero murió poco después de que no la dejaran embarcar en un aeropuerto iraquí. "El oficial de inmigración nos dijo que el presidente de Estados Unidos había aprobado una nueva ley y que no podíamos volver", explicó Mike. 

"Fui con mi familia y volví solo", describió Hager tras la muerte de su madre. "Estaba en estado de shock. Tuve que meter a mi madre otra vez en la silla de ruedas y llevarla a la ambulancia de nuevo. Estaba muy enfadada, sabía que si la volvían a mandar al hospital iraquí moriría", añadió visiblemente afectado. 

Hager nació en Irak, pero dejó el país junto a su familia durante la primera guerra del Golfo para volver en el año 2000 en varias misiones con las fuerzas especiales estadounidenses como intérprete. "Mi madre se ha ido por su culpa. Hemos estado aquí desde que éramos niños. Si no me quieren en Irak y no me quieren aquí, entonces ¿adónde voy?", se pregunta.

"ESTE NO ES EL PAÍS POR EL QUE MURIÓ"

"Este no es el país con el que él soñaba, este no es el país para el que servía y tampoco el país por el que murió", escribió Marie Tillman en su perfil de Facebook. La mujer, viuda de un soldado americano, había publicado el mensaje notablemente decepcionada por la nueva ley antiinmigración de Trump. 

"En 2002 mi marido se alistó en las fuerzas armadas estadounidenses y sirvió en sus filas porque creyó en los principios en los que estaba fundado nuestro país, pues a pesar de reconocer que no era perfecto, sentía verdadera pasión por lo que podía llegar a ser", escribió Tillman. "Hoy estoy realmente triste por las noticias de la nueva orden ejecutiva que prohíbe la inmigración", justificó la viuda. 

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