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VUELCO EN EEUU

El voto blanco da la victoria a Trump

Su mensaje caló pese a desafiar todas las convenciones de cómo se debe gestionar una campaña

Ricardo Mir de Francia

Seguidores de Donald Trump esperan el inicio de un mitin del candidato republicano en Springfield (Ohio).

Seguidores de Donald Trump esperan el inicio de un mitin del candidato republicano en Springfield (Ohio). / GETTY IMAGES / AFP / MADDIE MCGARVEY

Donald Trump se ha reído de todo el mundo. No solo de los encuestadores y la prensa, que fueron incapaces de predecir su victoria. El multimillonario neoyorquino ha conquistado la presidencia saltándose todas las reglas de lo que se supone que hay que hacer en unas elecciones. Puso de vuelta y media a un héroe de guerra como John McCain y ridiculizó a un ex presidente republicano como George Bush. Presumió de no pagar impuestos y cortejó a los evangélicos sin aprenderse un solo versículo de la Biblia para dar el pego en las entrevistas. Nunca pidió perdón por su vida donjuanesca y se enzarzó en las redes sociales con cualquiera que se atrevió a provocarle. El magnate ni siquiera se rodeó del ejército de asesores y analistas que coreografían las campañas modernas. Sus instintos le bastaron.

Trump se presentó como el justiciero populista que ha escuchado los miedos y las preocupaciones del estadounidense medio. En un lenguaje, llano y a menudo vulgar, sin grandes elucubraciones teóricas ni complicaciones esotéricas, les dijo lo que querían escuchar. Reciclando una vieja frase de Reagan, se sacó de la chistera ese ‘Hacer a América grande otra vez’, se puso el casco de minero y le prometió una vuelta a un pasado de cándida vida comunal y empleo abundante en unas fábricas que ya no existen como si estuviera reescribiendo el repertorio de Bruce Springsteen. Su narrativa hurgó en la nostalgia del mundo de hace medio siglo, a la vez que culpaba a las élites y al sistema de todos los males. Disparó contra las multinacionales que deslocalizan empleos, contra la prensa “deshonesta” o contra los “políticos corruptos” de Washington...

MENOS CASTIGO DEL VOTO HISPANO

El carismático magnate también ignoró aquella autopsia que hizo su partido tras la derrota de Mitt Romney en el 2012. Un documento donde se decía categóricamente que el Partido Republicano debía abrirse a las minorías para recuperar las opciones de reconquistar la Casa Blanca. Trump no solo lo desdeñó, sino que se dedicó a demonizar a los inmigrantes, llamando a los mexicanos “violadores” y “criminales”. A la postre, le bastó en gran medida con el voto blanco, según las encuestas oficiales a pie de urna, aunque los hispanos no lo repudiaron tanto como se esperaba. Un 29% respaldó su candidatura, lejos de los números de George Bush hijo, pero dos puntos por encima de Romney en el 2012. Eso se explica porque su electorado está lejos de ser homogéneo. Los cubanos, por ejemplo, tienden a votar mayoritariamente conservador.

Pero fue la América caucásica la que le catapultó a la victoria, especialmente los trabajadores sin estudios universitarios. Le votaron de forma masiva en las zonas rurales, pero también en las regiones industriales del Medio Oeste, donde más daño han hecho la liberalización del comercio y los cambios tecnológicos. El 72% de los hombres y el 62% de las mujeres sin estudios superiores apostaron por él. Estados tradicionalmente demócratas como Michigan, Pensilvania y Wisconsin cambiaron de bando, algo que no sucedía desde los años de Reagan. Clinton se llevó el 51% de los votantes afiliados a un sindicato, siete puntos menos que Barack Obama hace cuatro años. La estrella de la telerrealidad también desafió las predicciones ganando entre los jóvenes, los mismos ‘millennials’ que auparon al primer presidente negro.  

UNA CARA CONOCIDA

Hillary Clinton ganó en los centros urbanos y en las dos costas del país, esencialmente las regiones más prósperas y cosmopolitas. También lo hizo entre las mujeres, después de que dos tercios de ellas mostraran su preocupación por los comentarios sexistas del republicano. 54% a 42%, un resultado que, sin embargo, se queda un punto por debajo de lo conseguido por Obama hace cuatro años. También le respaldaron los hispanos, negros y asiáticos, aunque los márgenes fueron insuficientes para darle la victoria. Entre los afroamericanos, por ejemplo, su porcentaje llegó al 88%, cinco puntos menos de los conquistados por el todavía presidente en las pasadas elecciones.

La hazaña de Trump se estudiará en las facultades. Quizá basta una cara conocida y un buen mensaje sazonado de miedo para llegar al poder. Como escribió ayer el 'Washington Post', "Trump compitió contra sí mismo y ganó". 

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