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EL ÉXODO SIRIO

Drama viral, historia de la foto icónica de la crisis de los refugiados

ALBERT GUASCH

Drama viral, historia de la foto icónica de la crisis de los refugiados

La fotografia icónica de la crisis de los refugiados, tomada en la isla de Kos, en Grecia, el pasado 15 de agosto. / DANIEL ETTER

Cuando pienses en los inmigrantes que llegan a Europa, piensa en esta foto»The Independent tuiteó junto a este mensaje una imagen magnética, terriblemente dramática, de un padre fornido con el rostro desencajado, que abraza con fuerza a sus hijos al llegar a tierra. Un instante que contiene todo un relato: una familia que abandona un hogar, un conflicto bélico devastador, una travesía peligrosa, el miedo calado en los huesos como el salitre del mar en la ropa. Habla también de la inseguridad ante lo desconocido, del instinto animal de proteger a lo que más se quiere en este mundo, de buscar simplemente una vida normal para ti y los tuyos. Difícil no sentir empatía.

La imagen se publicó en The New York Times y su autor se llama Daniel Etter, un fotoperiodista alemán de 34 años instalado desde hace un año en Barcelona, en el barrio de LesCorts. Etter empieza a digerir el impresionante recorrido viral de su fotografía, tomada en la isla de Kos, en Grecia. «Nunca había obtenido una reacción así. Hice una foto en Estambul que también se viralizó mucho y se convirtió en símbolo de las protestas de Gezi, pero no llegó a este nivel», explica a este diario.

Etter estuvo cinco días retratando el fenómeno migratorio en la isla griega. Alternaba un par de playas, observando desde detrás de su cámara la llegada incesante de embarcaciones. Llevaba un par de jornadas levantándose muy pronto, porque al amanecer empiezan a llegar los botes desde la cercana Turquía, cuando tomó la ráfaga de imágenes entre las que se incluía la que le ha dado notoriedad.

Intervenir o no

En principio no era más que una barca hinchable como otra cualquiera. Nada especial, nada que la distinguiera de las demás. Lo normal dentro de lo extraordinario que es que familias enteras dejen un territorio asfixiado por la guerra o por la represión. Dos jóvenes entraron en el agua y arrastraron la embarcación hacia la playa. Entonces una familia numerosa, con la seguridad de pisar firme, saltó a la arena, uno detrás del otro. Y cuando todos lo hicieron, el marido y la esposa se pusieron a llorar, y se abrazaron intensamente, también a sus cuatro hijos. Lágrimas de liberación y logro que Etter captó con su cámara.

«Sabía que tenía una buena foto, tampoco pensaba en ello en ese momento. Trabajas rápido y estás pendiente ante todo de lo que estás haciendo. De hecho les seguí tomando fotos durante un rato», cuenta Etter. Laith Majid, que así se llama el padre, le pidió ayuda. Tan solo quería saber adónde tenía que ir.

«Estaban empapados y temblando, no tenían ni idea de dónde dirigirse. Normalmente no intervengo en las situaciones que retrato, ¿pero qué iba a hacer? ¿Decir que soy un fotógrafo y que solo forman parte de una historia? Además, era el único ahí que podía ayudarles de algún modo. Les acompañé hasta el centro de registro de Kos, donde las autoridades griegas procesan los papeles para los refugiados».

5.700 euros

Por el camino, el grupo se fue encontrando a otros familiares que habían viajado en otros botes. Etter se despidió de ellos, pero por la tarde los volvió a ver. Estaban acampados en una tienda de campaña muy básica, frente al puerto. Y habló con ellos, especialmente con Nada, la esposa de Laith Majid, que era profesora de inglés en Siria. Y conoció con detalle su historia.

La familia partió dos semanas antes desde la ciudad de Deir Ezzor, al este de Siria, y pagaron 6.500 dólares (unos 5.700 euros). Tardaron más de dos horas en alcanzar Kos a bordo de la barca hinchable. Dos de sus cuatro hijos son adolescentes, «de 16 a 18 años, diría»; los otros dos son menores de 10. Uno de ellos es una niña, Nour, que hizo la peligrosa travesía con fiebre. «Se ve que lloró durante todo el trayecto», cuenta Daniel. Su deseo era ir a Alemania, la nueva tierra prometida.

Esta misma semana circuló por las redes sociales una foto de la familia con alguien que aseguraba habérsela hecho en territorio alemán. Etter niega su autenticidad. «Es imposible que hubieran llegado ya. La única forma de hacerlo tan rápido habría sido en un camión como el que se acaba de encontrar en Austria lleno de cadáveres. Es muy peligroso y no creo que lo hicieran. Además, hay un muro detrás de esa foto que reconozco de Kos», afirma, taxativo, el fotógrafo.

Un móvil y Facebook

Antes de despedirse, Daniel dio a

Laith Majid su teléfono móvil y su cuenta de Facebook, pero no ha vuelto a saber nada de él y su familia. Un día le gustaría volver a contactar con ellos. Confía en que le llamen o que le envíen un mensaje, saber que están bien y que lograron el objetivo que se propusieron cuando cerraron su casa de Deir Ezzor.

Fotógrafo y periodista freelance, Daniel Etter, que estudió Periodismo y Ciencias Políticas, ha publicado en The New York Times, las revistas Time y Newsweek y en diarios alemanes como Die Zeit y Süddeutsche Zeitung. Ha cubierto, entre otros acontecimientos, el conflicto de Siria, el terremoto de Haití y las protestas de Estambul (una de las fotos que hizo allí, la que también se viralizó, fue incluida en la lista de las mejores del 2013 por Time).

Por supuesto, ahora prepara ya un nuevo viaje, un nuevo cometido, y tratará como siempre de encontrar un momento, un instante, un fogonazo, que capte la esencia de la historia que pretenda transmitir. Como la de la familia siria viralizada. A la postre, una potentísima historia de amor. «Sí, lo que se ve ahí es muchísmo amor», sentencia. Que tocó la fibra, cabe añadir. 

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