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NÓMADAS Y VIAJANTES

De aquellas mentiras...

Ramón Lobo

Culpar a Barack Obama del naufragio de Irak será rentable políticamente en EEUU a corto plazo, pero es parte de la misma ceguera que ha destrozado dos países: Irak y Siria. La misma que devolverá a los talibanes al poder en Kabul. Los republicanos estadounidenses señalan a Obama por retirar las tropas en diciembre del 2011. Ninguno se acuerda de George W. Bush y de sus halcones neocon, de sus mentiras para justificar una guerra que, además de ilegal, era innecesaria. No voy a criticar el envoltorio ético, el motor de lo que sucede en Irak, sino fallos concretos que han propiciado que una milicia próxima a Al Qaeda esté a las puertas de Bagdad.

PRIMER ERROR. EEUU invadió con una fuerza escasa: 192.000 soldados frente a los 700.000 de la llamada guerra del Golfo, en 1991. El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, partió de una ficción: la población les recibiría como libertadores. Pese a ser un combate desigual, hubo resistencia en el sur, sobre todo en Nasiriya. Las tropas estadounidenses, superiores en material y preparación, llegaron a Bagdad el 5 de abril. El régimen se hundió. La operación había durado tres semanas.

SEGUNDO ERROR. Creerse su propia propaganda. La CNN retransmitió en directo el 9 de abril del 2003 el derribo de la estatua de Sadam Husein en la plaza Fardus. Parecía el final de la guerra, cuando en realidad era el inicio de otra que sigue. El soldado norteamericano que se encaramó al cuello colocó una bandera de EEUU. Fue un fallo grave. Aunque después colocó la iraquí, era tarde, el mensaje había sido captado: era una ocupación, no una liberación.

TERCER ERROR. Las órdenes número 1 y 2 firmadas por el virrey Paul Bremer, que actuó en Irak con una incapacidad rayana en el delito. Aquellas órdenes disolvían las Fuerzas Armadas y el Partido Baaz. Bremer no sabía historia; sus jefes, menos. Ni la prensa. Recuerdo a una periodista de una cadena de televisión de EEUU decir que había cruzado el Ganges. Desde el estudio central, corrigieron: «Éufrates, no Ganges». Ella replicó: «Bueno, uno de esos ríos bíblicos».

Irak es un país artificial, inventado tras la primera guerra mundial para colocar un rey amigo de los británicos; el Ejército y el partido eran las únicas instituciones que lo vertebraban. Lo que Bremer firmó fue la disolución de Irak.

CUARTO ERROR. A finales de abril estallaron los saqueos. Una turba se lanzó a las calles de Bagdad a arramblar con todo. Cerca de 170.000 objetos de enorme valor fueron expoliados del Museo Nacional. El daño al patrimonio es incalculable. EEUU no hizo nada por impedirlo. La escasez de tropas y la falta de un plan realista, más allá de colocar en el poder a los partidos del exilio amigos, fue la causa. En Irak, cuna de las Mil y una noches, corrieron todo tipo de teorías conspirativas. Para millones de iraquís la actitud estadounidense fue deliberada, una humillación.

QUINTO ERROR. Recuerdo un sargento estadounidense en las puertas de lo que sería la Zona Verde, el fortín de EEUU en Bagdad, gritar a decenas de civiles que se agolpaban en busca de trabajo: «Pero de donde ha salido toda esta jodida gente». Ese sargento no sabía que él era el invasor. Si Bush y sus halcones hubieran leído historia sabrían que de cualquier ocupación surge una resistencia armada. En Irak nació en julio del 2003. Tras cuatro años en dirección equivocada, el general Petraeus cambia el paso en el 2007: aumenta las tropas, las concentra en Bagdad para ganar la impresión de que hay más seguridad y se compra la insurgencia suní para lanzarla contra Al Qaeda. El plan funciona. Tras utilizar a esas milicias, las abandonó a su suerte ante un gobierno sectario como el del chií Maliki. De aquella resistencia suní nace el ISIL, el grupo que amenaza Bagdad. Primero en Siria, otra catástrofe de la política exterior de EEUU, ahora en Irak.

CONCLUSIÓN. En Irak no había armas de destrucción masiva. Solo un dictador sanguinario aupado al poder por la CIA en los años 60 por miedo al Partido Comunista de Irak. Tampoco había terrorismo, aunque Cheney se empeñara en vincular a Sadam con Bin Laden.

Se hizo una guerra para liberar Irak, democratizar Oriente Próximo y acabar con el terrorismo. En Irak han muerto más de 600.000 civiles, según la revista Lancet, el país está a punto de desaparecer, el mundo es más inseguro y en Irak campa Al Qaeda.

Un éxito con padres concretos: Bush, Blair… ¿Y Aznar de las FAES? Tanto silencio en un gran especialista en Irak y en terrorismo internacional es una pena. ¿Y los palestinos? Invisibles, como siempre.

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