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FIN DE UNA PRÁCTICA INDIGNANTE

Se acabó el escarnio

La presión fuerza a China a poner punto y final a los escarmientos públicos de prostitutas

Pekín prohíbe vulnerar la dignidad de las mujeres tras las protestas

ADRIÁN FONCILLAS
PEKÍN

Es otro trofeo de la blogosfera, otro abuso corregido por la presión ciudadana, otro signo de los nuevos tiempos. El Ministerio de Seguridad Pública de China ordenó ayer a la policía respetar los derechos de los detenidos, lo que descarta las exposiciones públicas y cualquier otra medida que vulnere su dignidad. No las menciona, pero se refiere a las prostitutas.

Ocurrió cuatro años atrás en Shenzhen, la más moderna y resplandeciente megápolis china: un centenar de prostitutas, esposadas en la calle, escucharon sus nombres por megáfono y los supuestos delitos. La operación fue televisada. La policía esperaba un aplauso por su eficacia, pero sufrió una tormenta de críticas de internautas, abogados, activistas y gente razonable en general, incluidos los editorialistas de medios de prensa oficiales.

Los escarmientos públicos están presentes en la historia china. Durante la revolución cultural era habitual que los guardias rojos hicieran desfilar a presuntos intelectuales y contrarrevolucionarios para que sufrieran la mofa o los golpes de la multitud.

Algunos gobiernos locales, ajenos a la evolución social, han repetido la táctica estos años apelando a su carácter disuasorio. A principios de mes, la policía de Wuhan (provincia de Hubei) publicó el nombre de prostitutas y sus clientes, junto con su edad y dirección. Y esta semana circularon por la red fotos de un par de chicas detenidas en Dongguan (Guandong). Iban descalzas, esposadas y amarradas por una larga cuerda, como animales de labranza.

Reacción furibunda

La reacción ha sido tan furibunda como en tiempos de la revolución cultural, pero en sentido contrario. Si antes la sociedad apedreaba a la víctima, hoy se alinea con ella, apela a los derechos humanos y denuncia la brutalidad policial.

«No serían prostitutas si no tuvieran que pagar la escuela a sus hermanos pequeños o alimentar a sus padres». «Conozco a prostitutas que dieron cientos de yuanes a las víctimas del terremoto de Sichuan. También son seres humanos. ¿Dónde están sus derechos?». Son muestras de lo que se lee estos días circula en internet. La policía de Dongguan dio una explicación confusa que no convenció a nadie.

La prostitución está prohibida en China pero es ubicua en peluquerías, casas de masajes, karaokes u hoteles, donde uno suele recibir ofertas sexuales antes de tener tiempo de descalzarse.

El Gobierno las cifra en tres millones y, según fuentes independientes, oscilan entre 10 y 20 millones, aunque los criterios contables no están claros.

Prostituta y cliente se enfrentan a penas que van desde los 15 días de detención a multas de 5.000 yuanes (570 euros).

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