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ruta gastronómica

La Boqueria gana en sabor

Sus bares de siempre crecen y nuevos locales de los porches amplían la oferta de degustación del mercado

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Hubo un tiempo en que solo los carros de la compra salían a rebosar del mercado de la Boqueria. Pero cada vez son más quienes acuden simplemente (o además) a saciar in situ el estómago. Y hasta los cinco sentidos de vez... rodeados del adictivo ajetreo de ese gran zoco, del paisaje de productos, el espiral de aromas humeantes y el festival de texturas llegadas desde el kilómetro cero hasta la otra punta del mundo. La oferta para comer a pie de mercado se ha multiplicado en los últimos años, espoleada por los ríos de turistas que no solo quieren ver, sino probar. Y las versiones para llevarse la Boqueria a la boca crecen sin tregua: de la sobredosis de zumo de fruterías y las paperinas de jamón y queso para picar mientras se recorren sus 260 puestos, hasta los infinitos sabores de cazuela de bares y restaurantes.

El barcelonés que ha renegado de este territorio multicolor, tantas veces abarrotado, está ahora obligado a darle una segunda oportunidad. Disfrutará de dos recorridos: la mayoría de bares de siempre han ido ampliado barras tras adquirir puestos contiguos, y la variedad en sus pizarras ha ido a la par, con algunos horarios que se estirarán en breve. El «somos un bar pequeño con un gran almacén» (el mercado), es ya un lema para la mayoría, que pueden permitirse el abastecimiento a un paso de los fogones y la creatividad a la altura de los 20.000 mil productos de este gran continente cerrado.

El Pinotxo, Kiosk Universal, el Quim de la Boqueria, Bar Central, Quiosc Modern, Clemen's... trabajan a destajo en espacios minúsculos para que los incondicionales disfruten a dos carrillos. Pero la gran novedad de este laberinto multisabor es enriquecer ahora la ruta gastronómica de sus puestos, incorporando nuevos locales en los porches que los rodean. Como ya avanzó este diario, ayuntamiento y operadores trabajan para resucitar ese perímetro, antes lleno de almacenes o viejas tiendas sin uso. La inminente ruta de degustación permite probar a bocados el mercado, o explayarse en alguno de sus establecimientos. Entre los que están a puntito de levantar la persiana (esta semana) destacan el miniespacio Boquini, con un trío de ases como son Óscar ManresaRomain Fornell y David Moya, padres de una nueva oferta de molletes a la plancha para llevar (con ingredientes patrios y también algún guiño a otras culturas), con toda la creatividad de Fornell y precio anticrisis (de 4,5 a 6 euros). Muy cerca, Manresa y Moya también prepara para marzo el Homenaje, donde prometen el redescubrimiento del jamón de la mano de Joselito. Y también en ese tramo el chef Carles Abellán abrirá a final de este mes Yango, una oferta popular (desde cuatro euros) basada en bocadillos de butifarra catalana con aderezos y salsas de 9 países.

El presidente de la Boqueria, Salvador Capdevila -tan curtido en materia comercial como en el paladar-, ejerce de perfecto cicerone en ruta por ese mercado que se mastica in situ. «La nueva oferta complementa lo que hay y además quitará presión al interior del mercado», en riesgo de morir de éxito de visitantes. En el mismo tramo, ha abierto ya Paella Bar, el restaurante de Quim y Manel Marqués (Suquet de l'Almirall, Pepa Tomate) y el vinatero Nacho Prats, llamado a dignificar ¡por fin! la paella a un paso de la Rambla. En un renovadísimo espacio que incluye altillo para cenas privadas en lo alto, ejecutan con maestría hace solo unas semanas arroces Boqueria (costilla, verdura y setas), Barceloneta, Catalana... y una cachonda paella De Guiri (que alucina a los autóctonos) con alcachofa, bogavante y chorizo Maldonado. Y en la carta, de Calamars de Collons (con jamón ibérico y cebolla en tinta) a cualquier pescado del mercado a petición del comensal.

En ese poderoso flanco izquierdo se alinea también la jamonería Marcos, donde Sergi López trata de educar paladares con jamones de Jabugo, Guijuelo y Extremadura. Lo mismo que se corta en el mostrador se sirve en platos para degustar a peso y solo con suplemento de un euro, para comer bajo los porches.

Justo al otro lado, los amantes del aceite pueden hacer cata también en Mas del Mercader, con más de 200 referencias. O comer una ración o bocata de carne, recién cortada de la pieza, en Carns Ruiz, donde Manu Ruiz ha iniciado la degustación a pequeña escala pero en marzo ampliará opciones y espacio. A pie de Rambla, en breve abrirá un primer piso que completa en formato íntimo (de 12) la oferta de Casa Guinart.

Esta mantequería centenaria mutó hace dos años en restaurante con la alianza de Moya con el inquieto Manresa. Al tener doble entrada (y por Rambla), son los únicos que ahora gozan de un horario más holgado, ya que los porches se cierran a las once de la noche, de momento. En su carta arrasan hits como vieiras con romesco y espárragos verdes (9,90 euros), bravas de influencia canaria (4,90), miniburguer con caviar de aceite (4,90) de ternera de mercado... Y a un paso, el Pinotxo impone ese punto entrañable al mercado. El incombustible Joan y otras tres generaciones siguen dando guerra en 15 metros cuadrados, donde siete personas sirven mongetes con chipirones, garbanzos con morcilla, cap i pota y el pescado y marisco que llega siempre del fondo del mercado. Como imprescindible es El Quim de la Boqueria, una de las barras con más elaboración y mimo del recinto pese a su microespacio. Tras 26 años en la barra, sus estrellados con gambas, o chipirón, foie y demás son leyenda. Como su risotto de rabo de toro.

También es difícil abrirse hueco en la barra del Kiosk Universal, donde los tres hermanos Domínguez además de ser los reyes de la plancha marinera, bordan el generoso surtido de setas (10 euros). Y sí, en todos hay turistas. Pero los barceloneses que prueban, se enganchan.

Temas: Gastronomía

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