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PASIÓN POR LAS ANTIGÜEDADES

Se busca vintage de lujo

El 'low cost' eclipsa a los pocos negocios de piezas exclusivas en Barcelona

Sara Andrade

La ciudad de Barcelona huele a vintage, tan sólo hace falta husmear su agenda cultural y ver que cada fin de semana hay un market donde encontrar ropa y cachivaches a un euro. Nos pusimos las pilas tarde, porque en Inglaterra y Francia nos llevaban más de 20 años de ventaja, pero ahora disfrutamos del éxito. Entre tal cantidad de mercadillos efímeros, coexisten no más de 10 negocios en Barcelona que podrían entrar en el olimpo del vintage de lujo, entendido como aquel producto con más de 20 años de vida, que ha envejecido de forma bella.

Es el caso de Cotton Vintage, abierta en el 2008 en Laforja y Enric Granados, ahora ya consagrada con una clientela fiel. Sus propietarios aprendieron del negocio en Chanel, y decidieron emprender para dar salida a todos aquellos tesoros de los que sus clientas se habían cansado. “Yo también me he llegado a sorprender al pensar cómo puede ser que alguien se compre un bolso de 4.000 euros, y a la semana se canse de él y lo venda”, nos cuenta el dueño, Diego Redondo.

Los propietarios de Cotton Vintage procuran tener una selección muy cuidada de artículos de segunda mano, de no más de 10 años de antigüedad, con unos precios que van desde los 20 hasta 4.000 euros, aproximadamente. Por ejemplo, el bolso Chanel 255, el Amazonas de Loewe o un Luggage Céline, edición limitada y numerada. De los 13 que hay en el mundo, ellos tienen el número 7. “Los bolsos de Chanel son más rentables para venderlos. Hay más demanda y no pierden valor”, añade Diego.

¿Precios? Un Chanel de primera mano cuesta 4.500 euros, de segunda 3.000, mientras que el clásico tweed de Chanel original, 6.000 euros, y de segunda mano, 1.900 euros.

EL SECRETO DEL OFICIO

Como en todo arte existen secretos, el principal del negocio es la procedencia de sus productos; dónde los consiguen y quiénes son las clientas más asiduas a la venta es un misterio. Los propietarios no quieren desvelarlo, pues como dicen, “cada maestrillo tiene su librillo” para encontrar piezas auténticas y únicas. Aunque las hermanas parisinas, Celine y Sofia Chevalier de Le Tresor, en calle Mallorca, no ponen muchos problemas.

Su pequeña boutique lleva abierta 10 años y siempre han trabajado a depósito, es decir, que las clientas dejan en la tienda aquel producto que quieren vender, y una vez vendido, se llevan el tanto por ciento acordado. “Todo está firmado. Muchas están preocupadas por perder su producto pero las cláusulas las protegen. Si lo robaran, pagaríamos el precio”, explican. “El porcentaje que nos quedamos es variable entre el 50% y el 20%. Si algo vale 6.000 euros nos llevamos un 20%, por 4.000 euros, el 25%...”, señalan.

Las hermanas llegaron a Barcelona con la ilusión de trasladar aquello que habían visto toda su vida en Francia, las tiendas de tesoros a las que iban con sus madres. “Hicimos una tienda de 350 metros cuadrados en Passatge Marimon. Servíamos hasta cava. Era el barrio perfecto, mujer con dinero que se desprendía con facilidad de las cosas que ya no quería”. Pero tuvieron que trasladarlo porque las clientas no entendían el concepto de boutique de segunda mano.

Silvia Moyano, de El Maniquí Vintage, también empezó a vender vintage de lujo en la parte alta de Barcelona, pero en el 2015 se trasladó al Barrio Gótico, porque dice, respira más vintage. Su pasión por las antigüedades llevó a esta emprendedora argentina a encontrar auténticas joyas en París. Su labia le ha llevado a hacer buenos contactos, aunque eso sí, mantiene su secreto acerca de la procedencia de sus artículos. “No te voy a decir cuál es mi sistema de compra. Lo que no utilizo es el depósito, ni compra a particulares. No lo hago porque yo elijo, no lo eligen por mí. Cuando una persona viene a venderte algo tienes que escuchar la historia del bolso de la abuela…”,  sentencia divertida.

LA ALTA BURGUESÍA CATALANA

Anticuarios, armarios privados y subastas son otro de los métodos para conseguir artículos vintage de lujo. “El anticuario te llama y te dice: Tengo un piso en Passeig de Gràcia. ¿Te interesa o no? Cuando les digo a mis clientas rusas que es de la burguesía catalana, enloquecen. Tengo muy buena memoria para recordar estas historias”, explica Silvia de El Maniquí Vintage.

También acuden a anticuarios Carmina Pairet y Nina Balmes, hijas de Carmina Viñas, propietaria de L’Arca de l’Àvia, en Banys Nous, con 50 años de historia. Esta mítica tienda abrió sus puertas cuando nadie en la ciudad conocía el vintage, por entonces vendían ajuar, textil del hogar y cortinas, poco a poco fueron introduciendo ropa desde los años 20 hasta los años 50. “Cada vez es más complicado encontrar estas piezas. Desde subastas a casas particulares, con herencias...En Barcelona había mucha cultura de encajes, de bordados y lenceros en la alta burguesía”, detalla Nina.

PATRIMONIO HISTÓRICO

Nina y Carmina, de L’Arca de l’Àvia, han sabido adaptarse al momento actual perfectamente. Además de los clásicos encajes y botones del siglo XIX, también venden moda nupcial vintage, para invitadas, kimonos auténticos de Japón, lencería art decó, y vestuario para teatro y cine. L’Arca de l’Àvia es una tienda de parada obligatoria, pues su historia es patrimonio histórico de nuestra ciudad. “Tenemos colecciones de novia desde 1870 hasta 1970. Intentamos hacer exposiciones y crear colecciones. Es una forma de conservar el patrimonio del país”, señala Nina. Ahora han abierto un instagram llamado ‘Colección Viñas’ para dar a conocer todas las piezas que conservan.

En su historia también figura la película Titanic (1997). Hace 10 años que apareció en la tienda una mujer inglesa que les compró gran cantidad de vestuario de 1910 a 1912. “Al cabo de un año volvió y nos dijo que todo lo que había comprado era para la película”. También colaboraron con Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen. “Hemos tenido algún traje del siglo XVIII bordado en hilo de oro, que en una subasta de París, se vendió por 15.000 euros. El problema del negocio es el apego porque son piezas únicas. Hay veces que no vendemos algo porque no nos queremos desprender, y siempre tenemos ese debate en la familia”, dice Nina.

Magnolia Antic, en calle Provença, abierta desde el 2009, también han conservado auténticas joyas. Tatiana Almagro, lleva el negocio entre Mallorca y Barcelona, y en él se pueden encontrar “desde un bolso de lucite de los años 40, hasta camisones de seda de finales del siglo XIX”. Su clientela sabe lo que busca y valora una pieza exquisita, por eso puede pagar hasta 500 euros por ella. “El target es bastante amplio, más mujeres que hombres sí, pero edades desde los 25 hasta los 70 años, más locales que turistas. Las mujeres más interesadas en moda, y los hombres, más interesados en decoración”, explica Tatiana.

El vintage de lujo vive su mejor momento como ha demostrado el último desfile de Chanel en París, donde Lagerfeld ha vuelto a apostar por los clásicos de la marca. Mientras el lujo de primera gama intenta competir en rapidez con el ‘low cost’, el vintage de lujo juega al más listo quitándole esa clientela desencantada que busca cariño en la experiencia de compra y artículos descatalogados. A ver quién gana...

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