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LA IRRUPCIÓN DE ANA BOTELLA EN EL FENÓMENO DE LOS 'MEMES'

'Relaxing cup' de risas virales

JUAN FERNÁNDEZ

El sábado pasado a las 9 de la noche, antes de que se supiera que la candidatura de Madrid había sido apeada de la carrera para organizar los Juegos del 2020, por las redes sociales empezaron a circular imágenes con el rostro de Ana Botella junto a la frase que más ha dado que hablar de su discurso ante el COI. En las horas siguientes, una avalancha de estampas cómicas de la alcaldesa de Madrid y su famoso «relaxing cup of café con leche» empezó a inundar internet, difundiéndose como la pólvora por ordenadores, tabletas y teléfonos móviles.

El batacazo de la candidatura olímpica madrileña permaneció durante varios días entre los temas más comentados de la red. Pero ha sido la alocución de la esposa de José María Aznar, y muy especialmente su frase de marras, las que han reinado en las conversaciones virtuales de esta semana, ofreciendo la mayoría de las veces una lectura chusca de su desafortunada intervención.

A las versiones gráficas, a cual más ingeniosa y sarcástica, no tardaron en sumarse las adaptaciones musicales del discurso, que afloraron por decenas en distintos ritmos. Botella logró ser Trending Topic (asunto más comentado) en Twitter hasta el miércoles, apareciendo unas veces con su nombre y en otras ocasiones añadida a etiquetas como #pelisconanabotella o #relaxingcup. Los vídeos de su patinazo han recibido millones de visitas en Youtube, pero es imposible calcular el número de reenvíos y retuiteos que han conocido los múltiples fotomontajes con su rostro y su glorioso eslogan.

La alcaldesa de Madrid ha tenido la desgracia de sufrir su traspié en un momento en el que las redes sociales han alcanzado un nivel de penetración entre la población que permite viralizar los mensajes de forma casi mágica, y justo cuando los usuarios le han cogido gusto a la afición de compartir archivos humorísticos con sus conocidos.

Difundir fotos de famosos enmarcados entre frases de broma, suscribir eslóganes absurdos y compartir videomontajes de guasa entre la comunidad de seguidores y amigos de Whatsapp, Twitter y Facebook se ha erigido en tendencia, hasta el punto de convertir a una parte importante del tráfico de información que circula por las redes sociales en un mercadeo de archivos cómicos, conocidos en internet como memes.

En sentido estricto, un meme es algo más que una foto de Julio Iglesias encuadrada en un chiste sexual o una frase del tipo Ola ke ase. El término lo acuñó el biólogo Richard Dawkins en 1976 en su libro El gen egoísta para referirse a las unidades mínimas de comunicación que los humanos nos transmitimos de generación en generación, ya sean mensajes, imágenes o conceptos culturales. Es un meme la foto del Che Guevara, como lo es el «I have a dream» de Martin Luther King, el «¡cuidadín!» de Chiquito de la Calzada o la torre Agbar de Barcelona. Pero el desarrollo de internet ha atraído el concepto hasta las redes sociales, y la costumbre de los usuarios por replicar masivamente determinadas piezas elaboradas de información, desde fotos a dichos populares o clips de vídeo, ha acabado identificando este concepto con ese tipo de archivos.

Los memes que circulan por las redes tienen en común la brevedad, la simpleza, el humor y una capacidad de propagación tan vertiginosa como incontrolable. La actualidad es una fuente de hitos susceptibles de convertirse en memes, como ha comprobado esta semana en sus carnes Ana Botella, pero su generación no se limita en los acontecimientos del noticiario, sino que es tan amplia como el ingenio de los usuarios.

Los 'power point' de gatitos

¿Qué lleva a Julio Iglesias, un artista que no está precisamente en la cima de su carrera, a convertirse en protagonista de las conversaciones digitales? «Se le elige porque es un icono universal, es fácil hacer chistes sobre él», señala Víctor Gil, director de la agencia de investigación de usos en las redes Mktfan. Según este sociólogo, el furor por los memes es una evolución natural de este sistema de comunicación. «En el fondo, es la versión 2.0 de los power point de gatitos que la gente se enviaba por e-mail. Twitter y Whatsapp son los hábitats naturales de los memes, por eso han aumentado tanto últimamente. Deben ser cortos, claros y concisos. La frase de Ana Botella ha triunfado porque era un claim perfecto», razona el experto.

Tratar de desentrañar la casuística de un meme de amplia difusión es tan ocioso como intentar sintetizar la fórmula secreta de la canción del verano. Están claros sus condimentos, pero no su mecánica: «Nos encanta compartir mensajes sobre sexo, humor, comida, contenidos emocionales que entren por los ojos», apunta Delia Rodríguez, periodista especializada en internet y autora del libro Memecracia, los virales que nos gobiernan.

El comportamiento humano es tan imprevisible que no hay manera de asegurar el devenir de un mensaje puesto en circulación en la red, aunque no por ello los resortes de la viralidad son totalmente opacos. «Hay algunas leyes. Se sabe que de noche se envían más mensajes de humor que por la mañana, que existen usuarios muy conectados que hacen de propagadores, y que hay un punto de no retorno a partir del cual la viralización se dispara. Pero el resto es azar», advierte la psicóloga social especializada en internet Dolors Reig.

Mediante técnicas de neuroimagen se ha observado que cuando recibimos un mensaje viral en el cerebro se activa el área que dedicamos a pensar en los demás. «Digamos que las ideas contagiosas hacen que nos acordemos de los otros. Ese 'relaxing cup' nos indigna o nos hace reír, y enseguida pensamos: 'Esto tiene que verlo fulano', y se lo enviamos. Así se transmiten los memes, las emociones están siempre presentes», revela Delia Rodríguez.

Nos gusta compartir lo que nos llama la atención y nos hace reír. Por eso triunfa el humor en este mercadeo de mensajes digitales. «Las redes sociales son ágoras virtualizadas. Y como ocurre en las plazas, en unos corros se habla de cosas serias y en otros muchos se tratan asuntos intrascendentes. Siempre hemos dedicado tiempo a contarnos chistes. Ahora es igual, solo que en vez de contarlos en público lo hacemos en red», explica Dolors Reig.

El poder contagioso de los mensajes virales no es inocuo: vale para transmitir chistes de forma masiva, pero también otros contenidos no tan carentes de intención. «Las marcas comerciales y los políticos utilizan cada vez más memes para manipular», avisa Rodríguez. Y pone ejemplos: «La foto del abrazo de Obama y su mujer en la campaña de la relección es un meme; el baile erótico de Miley Cyrus es otro; el look de Lady Gaga es otro; la mayoría de los eslóganes publicitarios lo son. Todos son intencionados. Se trata de trasladar mensajes emocionales sin dejar espacio para la reflexión», alerta la investigadora.

El vertiginoso crecimiento de las redes sociales, donde prima la brevedad sobre el análisis y la rapidez sobre lo sosegado, da que pensar, pero según Dolors Reig no hay razón para la preocupación: «Estos nuevos sistemas de comunicación están experimentando un boom que tarde o temprano se estabilizará. Estamos alucinados con el poder de estas herramientas, pero esta fase de entusiasmo pasará», pronostica la psicóloga social.

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