El Periódico

Tristeza en Catalunya

Agente de policía reducen a una persona en el colegio Cappont de Lleida.

Juanjo Palmero BarrosoGranollers

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Viernes, 20 de octubre del 2017 - 10:30 h

Soy catalán, hijo de padres andaluces que tuvieron que marchar de su tierra para buscarse un porvenir mejor, Catalunya los acogió con los brazos abiertos convirtiéndose en su segunda tierra, igualmente amada como su lejana Andalucía.

No tuvieron la oportunidad de formarse académicamente, no había tiempo, eran momentos de trabajar y labrar un futuro mejor, ampliar la familia y ver crecer a sus hijos con un bonito y prometedor futuro por delante. Contribuyeron, con mucho esfuerzo, a levantar una Catalunya próspera y ejemplar para el resto de España (o estado como se dice ahora) y cuando podían visitaban a sus padres, hermanos y hermanas que se quedaron a más de 1000 kilómetros.

Eran felices, cotizaron toda la vida, pagaron todos los impuestos para poder garantizarse una jubilación tranquila y feliz en Catalunya, con sus hijos y nietos.

Con la situación actual, veo en sus ojos una gran preocupación y sobre todo tristeza, no logran comprender como en su tierra adoptiva, crece la incertidumbre, la angustia y la probabilidad de que sus pensiones ganadas durante muchos años de trabajo estén aseguradas, cada día ven las noticias y crece su ansiedad, su pesadumbre, su pena y por tanto la mía.

No poseen los conocimientos (como muchos de nosotros) de las empresas del IBEX 35, de cambios de sedes sociales o fiscales, de la posibilidad de que nos salgamos del euro, pero lógicamente alcanzan las conclusiones de que no puede ser bueno ni positivo.

Lograron después de muchos años de lucha y ya entraditos en años, poder votar democráticamente, siempre aceptando la derrota o la victoria según viniera, jamás me impusieron a que partido político votar, pero sí el de que debía ejercer mi derecho que tanto costó conseguirlo.

El pasado 1-O, fue la primera vez que tanto mis padres como yo, no ejercimos ese derecho, no porque estuviéramos en contra, si no por que las garantías que ofrecía el referéndum no existían, sin sindicatura electoral, organizado por los partidarios de una de las opciones (los del 'Sí'), aprobado de manera excluyente para gran parte del arco parlamentario (es decir para una importante fracción de la ciudadanía de Catalunya), ilegalizado por el Tribunal Constitucional, y impedido a base de porrazos y desproporcionalidad policial absoluta. En esta ocasión tanto el estado como nuestra comunidad autónoma no nos daban garantías de democracia.

Puigdemont, Junqueras, Rajoy y Sáenz de Santamaría, les pido que no hablen del poble català ni de mayorías silenciosas, les suplico que miren a los ojos de los ancianos, niños y resto de la ciudadanía a la que también representan (no solo independentistas, no solo nacionalistas españoles), y podrán observar la tristeza que reside en ellos. Les ruego que no los olviden.

No tomen decisiones que comprometan o ignoren a una u otra mitad de Catalunya y España, dialoguen, negocien y si no son capaces, por favor, márchense y dejen que otros lo hagan.

Nada me gustaría más que volver a disfrutar del brillo de felicidad en los ojos de mis ancianos padres y de toda la ciudadanía de Catalunya y España.

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