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Gente corriente

Michelle Ferrara: «Pensar en los demás es un tema de educación básica»

La fotógrafa y exmodelo de origen sudafricano crea un ejército de monstruitos contra el cáncer infantil

Gemma Tramullas

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JULIO CARBO

De niña, Michelle Ferrara (Amersfoort, 1979) se enfrentó al monstruo del apartheid en Sudáfrica y ahora ha creado un ejército de monstruitos para luchar contra el cáncer infantil (más información en la página de Facebook Mymagicmonster).

–Se crio en la Sudáfrica del apartheid. Nunca hice diferencias entre razas; no veía el color de la piel. Crecí pensando que todos los seres humanos tenemos el mismo valor desde que nacemos.

–En 1990 Mandela salía de la cárcel y el apartheid tocaba a su fin. ¿Cómo lo recuerda? Vivía en Uitenhage, provincia de El Cabo, y estudiaba en un internado que fue pionero en admitir niñas no blancas. Las primeras fueron una chica negra y otra india, y las pusieron en mi habitación. Sabían que yo las protegería. Soy una persona muy sensible y empática, siempre he querido cuidar a todos, como una mamá; es mi manera de ser.

–¿Su entorno compartía esta actitud? Uitenhage era una ciudad muy racista. Cuando iba con mis amigas no blancas por la calle me gritaban cosas como «¡hermana de los negros!» y me escupían. Pero a mí me daba igual lo que pensara la gente.

–Era muy madura para ser tan joven. Desde niña tuve que apañármelas sola y supongo que eso me convirtió en una superviviente. En el internado cosía mi propia ropa y empecé a venderla y a cortarles el pelo a  mis compañeras para ganar algo de dinero. Desde muy joven trabajé en supermercados, restaurantes, como secretaria...
 
–A los 18 años abandonó Sudáfrica. Tenía un dinero ahorrado y compré un billete solo de ida a Europa. Ni siquiera sabía dónde iba a dormir, pero mi corazón me decía que ahí fuera había algo para mí. Mi primer trabajo fue en el guardarropía del Ministry of Sound, el famoso club de Londres.

–Poco después triunfaba como modelo. ¿Cómo sobrevivió en ese ambiente? Tuve éxito, pero nunca dejé de ser yo. Tengo un radar que detecta la negatividad e intento ver siempre el vaso medio lleno. Lo primero que pienso cuando me despierto por la mañana es en la suerte que tengo.

–Se casó con un catalán y hace 13 años se instalaron en Barcelona.  Tener mi propia familia era uno de mis grandes retos. Aquí empecé a trabajar como fotógrafa y conocí la Magic Line de Sant Joan de Déu en favor de las personas vulnerables. Quería contribuir con algo único y pensé en crear un ejército de monstruitos para luchar contra el cáncer infantil.

–Los magic monster son muñecos de lana hechos a  mano y personalizados. Todos tenemos nuestro monstruito dentro y el cáncer infantil también es un monstruo. La magia la hace la gente al hacer una donación y por eso recibe a cambio su magic monster. No hay dos iguales, porque cada persona es única. Rafa Nadal y Penélope Cruz ya tienen el suyo.

–También pueden participar empresas. Sí. Salvelox, por ejemplo, dona parte de sus ingresos por la venta de tiritas a la lucha contra el cáncer infantil y tiene su monstruito. Todo el dinero va al Pediatric Cancer Centre de Sant Joan de Déu, para construir salas de juegos donde los niños puedan pasarlo bien mientras esperan.
  
–¿Todos los monstruitos los hace usted? Yo me ocupo de la dirección artística de cada monstruo y los hago con la ayuda de mi hijo Max y de personas muy generosas como Paquita Alcaine y Núria Roca.

–La iniciativa entronca con esa vocación de ayuda que ya tenía desde niña. Pensar en los demás es un tema de educación básica. Desde ceder tu asiento a quien lo necesita a hablar con gente mayor que está sola, todos podemos hacer algo. 

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