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GENTE CORRIENTE

Gaia D'Elia: «El mayor reto energético no es tecnológico, sino social»

Gemma Tramullas

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FERRAN NADEU

El sector energético es un coto vedado a las mujeres, que apenas tienen voz en los espacios de representación y decisión de este ámbito básico para la vida. Gaia D’Elia (Roma, 1993) forma parte de la Xarxa per la Sobirania Energètica, una de las entidades que han empezado a estudiar la relación entre género y energía.

–Usted ha estudiado ingeniería de la energía en la Universitat Politècnica de Catalunya. ¿Cuántas mujeres eran en clase? En todas las ingenierías técnicas industriales hay una mayoría abrumadora de hombres, pero en ingeniería de la energía creo que éramos un 40 por ciento de mujeres y un 60 por ciento de hombres.

–Está bastante equilibrado. Es una carrera nueva, como ingeniería biomédica donde, por el mero hecho de estar relacionada con las ciencias de la salud, ya hay un porcentaje más alto de mujeres.

–Los estudios con impacto social directo atraen más a las mujeres que los técnicos. Para animar a las mujeres a hacer estudios científicos y técnicos se suele argumentar que la ciencia y la técnica también tienen un impacto social, pero esto se tendría que enseñar a todo el mundo, no solo a las mujeres.

–¿Cómo se ve el sector energético desde la perspectiva de género? ¿Para qué sirve la energía? Para producir, pero también para reproducirnos y cuidarnos y esa es la parte que reivindicamos. Nos inspiramos en Latinoamérica, donde las mujeres suelen liderar las luchas contra las grandes minerías e hidroeléctricas de capital extranjero para defender la vida de sus comunidades y el medioambiente.  

–Como Berta Cáceres, la activista hondureña asesinada el año pasado por sicarios. O Lolita Chávez, de Guatematala, que relaciona la lucha ecofeminista en lo público y en lo privado. Ella dice: «Nos toca a las mujeres indígenas, campesinas y empobrecidas urbanas luchar contra las megaempresas que llegan a violar nuestros derechos; no solo nos toca luchar contra ellas, sino también contra opresiones de violencia en nuestras camas, en nuestras casas y en las comunidades. Para nosotras tanto interés tiene analizar las expresiones neoliberales [sobre nuestro territorio] como decir que tenemos el derecho de conocer nuestro cuerpo y liberarlo: ¡Conocer el clítoris [...] es profundamente político y estratégico!».

–¿Y aquí? ¿Qué papel juegan las mujeres? Se habla mucho de la transición de las energías fósiles a las renovables y del paso de un modelo de producción intensiva y centralizada a otro más local, con placas solares o molinos eólicos. Pero el discurso se centra en la tecnología y, más allá de los movimientos sociales de base, la opinión de las mujeres prácticamente no se oye. 

–Pues es un sector básico para la vida. Las mujeres ocupamos la mayoría de espacios de consumo doméstico y los problemas de salud derivados de la generación de energía repercuten más en nosotras. No tiene sentido que todo lo decidan unos cuantos desde un consejo de administración. El mayor reto de la transición energética no es tecnológico, sino social. 

–Pero si algo suena muy técnico la mayoría desconectamos. ¿Por qué las propuestas de un grupo de ingenieros tienen que tener prioridad sobre una demanda compartida por muchos ciudadanos?

–Buena reflexión. La gente advierte muchos problemas e incongruencias del sistema energético en su día a día, en casa. No hay que despreciar una propuesta porque no venga de un background científico. En el nuevo modelo energético hay que crear espacios que faciliten la participación de las mujeres y permitan a todo el mundo opinar y decidir.

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