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GENTE CORRIENTE

Carme Gómez: "Todos los niños son genios en potencia"

Esta maestra de ciclo superior de primaria se inspira en escuelas de la India para infundir paz y confianza a sus alumnos

Gemma Tramullas

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JULIO CARBO

Es un espectáculo ver a 25 niños de 10 y 11 años recitando el mantra del sol y la luna con los ojos cerrados y totalmente concentrados. Pero no estamos en la India ni en una escuela alternativa, sino en el aula de 5º B de la escuela Sant Ramon Nonat de Barcelona, donde Carme Gómez (Barcelona, 1958) imparte clases desde hace 30 años. 

–En verano del 2016 hizo un viaje a la India que la marcó.
–Vi un cartel de Terrakia que anunciaba viajes de inmersión cultural y había uno que parecía hecho a mi medida: India y la educación. Tras los pasos de Montessori, Krishnamurti, Vicente Ferrer y Sri Aurobindo. Viajamos al sur de la India, a zonas muy pobres, y visitamos varias escuelas. La experiencia superó todas mis expectativas. Fue un chute de energía que me ha impregnado para no desfallecer y seguir adelante en mi tarea docente.

–¿La meca educativa no era Finlandia?
–¿Por qué es la meca Finlandia? ¿Porque sacan muy buenos resultados?

–Eso es lo que se valora al final, sí.
–Acumular conocimientos no lo es todo. En la India quizá no sepan tantas cosas, pero entienden la educación de manera global y trabajan el ámbito físico, emocional, intelectual y espiritual. Allí los niños no tienen nada, pero tienen una vida interior más rica y están preparados para afrontar muchas cosas de la vida. Aquí tenemos de todo, pero nos falta orden en el terreno emocional.

–¿Qué le sorprendió más de lo que vio?
–El silencio. En la Fundación Krishnamurti vi cómo 600 niños callaban respetuosamente cuando alguien hablaba, sin que nadie tuviera que tocar una campana o decir shhh continuamente. 

–Aquí cuesta mucho hacer callar a 25.
–Aquí hay un estrés relacionado con la falta de calma y de paz interior. Cuando mis alumnos entran en clase les pongo música relajante y apago la luz. Cuesta mucho lograr el silencio, pero al final se dan cuenta de que las tareas les salen mucho mejor así que si entran como las cabras. Les he enseñado el mantra del sol y la luna y a veces hacemos ejercicios de yoga entre clases.  

–A ver si van a decir que les adoctrina... 
–¡Entonces llevo muchos años adoctrinando niños! [ríe] Se trata de bajarles las revoluciones para que se serenen y aprendan a gestionar sus emociones, a ser más empáticos, a escucharse entre ellos, a adquirir autoconfianza... ¡Lo necesitan!

–¿Andan bajos de autoestima?
–Es una de las principales causas del estrés en los niños, porque piensan que no serán capaces de hacer las cosas. Les estamos sobreprotegiendo y eso les impide crecer. Tenemos que dejar que se equivoquen, que se caigan y se vuelvan a levantar.

–¿Usted siempre había pensado así o todo fue a raíz del viaje a la India?
–Siempre he sido un poco así, pero el viaje lo multiplicó por diez. Por ejemplo, he dicho muchas veces que los niños no se aficionarán a la lectura si les hacemos leer porque toca; si no tienen ganas, no leerán.
 
–¿Cómo hacerlo entonces?
–En la India visitamos una escuela Montessori, que se organiza por rincones. Está el rincón de la ciencia, de la lengua, del arte... Los niños tienen que pasar por todos, pero pueden escoger el que les apetezca en cada momento. Esto facilita el aprendizaje y les da un nivel de autonomía y de libertad que les será muy útil en la vida. ¡Yo sacaría todos los pupitres y las sillas del aula!

–¿Qué le gusta más de ser maestra?
–Me lo paso muy bien con los niños. Todos son genios en potencia, cada uno con su tipo de inteligencia. Son muy fáciles de motivar, pero también te lo tienes que currar. Lo más importante es observar; no hace falta que les enseñes nada, solo tienes que acompañarles. 

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