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gente corriente

Gemma Barbany: "Estamos algo cansados de tanto comprar y tirar"

Pertenece a la quinta generación de una familia de Granollers dedicada al textil y ha creado el jersey sostenible y con historia

Gemma Tramullas

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Nuria Puentes

Un edificio de cuatro plantas en el centro de Granollers alberga el espacio Dracs, que combina la venta de artículos fabricados siguiendo criterios éticos, de proximidad y de calidad con actividades culturales y sociales. Al frente del proyecto están Gemma Barbany (Granollers, 1989) y su padre, que han recibido el Premi a la Iniciativa Comercial de la Generalitat. Su producto estrella son los jerséis de la marca Iaios.

–Su tatarabuelo ya vendía camisas a marchantes de ganado.
–Yo soy la quinta generación dedicada al textil, pero hasta hace tres años no tenía ninguna intención de dedicarme a esto. Estudié Bellas Artes y estuve años viviendo en el extranjero y dedicada al videoarte.

–¿Cómo vuelve a la tradición familiar?
–Me enamoré del textil a raíz del proyecto Iaios. Mi padre empezó esta marca de jerséis y camisetas en los años 90, pero tuvo que cerrarla. Hace tres años un fabricante nos dijo que tenía unas tricotosas sin utilizar y nos animamos a resucitar estos jerséis, que forman parte de mi infancia. Descubrimos una pequeña fábrica en Olot donde aún hacen lana regenerada –procedente de prendas usadas y sin tintes– y la confección se hace en un taller familiar de Igualada.

–Cada modelo tiene una historia.
–Los jerséis vienen acompañados de una ficha biográfica de personas que me parecen interesantes: Chavela Vargas, Federica Montseny, Jane Goodall, Vivian Maier... Para la colección de este año he elegido a Axel Munthe, que escribió La historia de San Michele, y a Tranquilina, la abuela de García Márquez, que inspiró su pensamiento mágico. También sacaremos un jersey con la historia de mi bisabuelo. 

–¿Quién era?
–L’avi Amadeu, como le llamamos, fue la segunda generación de la familia dedicada al textil. Era una persona peculiar. Empezó como relojero, pero era un amante de la poesía. Fue concejal de Cultura en Granollers y escribió en el diario El Diluvio. Fue de los pocos periodistas enviados a la antigua Unión Soviética para documentar el nacimiento del nuevo Estado. Durante la guerra conducía su coche como ambulancia para la Cruz Roja y después se hizo cargo de la tienda familiar y una fábrica de punto en la que él mismo diseñaba los patrones.  

–¿Cómo puede competir el mensaje de Iaios con la producción en masa de ropa barata?
–Creo que estamos algo cansados de tanto comprar y tirar. Una multinacional puede ofrecer mil virguerías, mientras que Iaios ofrece un jersey muy básico pero que es prácticamente único. Lo importante no es el jersey en sí sino todo lo que tiene detrás de compromiso con la producción local, con el medioambiente, con el respeto a los derechos humanos, con una forma de consumir... Son jerséis con historia que evidencian lo precioso del proceso textil.  

–Usted ha sido voluntaria en los campos de refugiados de Grecia.
–Al año siguiente de empezar el proyecto Iaios me fui por mi cuenta a Lesbos. Llegué a Mitilini, la capital, y alquilé una moto con la que recorrí los campos para ver dónde podía ayudar. Yo había hecho natación sincronizada y acabé colaborando con el Centro Internacional de Respuesta a Emergencias, saliendo al mar con un equipo de rescate y enseñando a nadar a los niños.

–¿Con qué se queda de lo vivido allí?
–Con los jóvenes. Pensaba en mi propia adolescencia, que fue difícil, y en cómo en una etapa tan delicada estos chicos ya han experimentado lo que es no ser bienvenidos y tener que vivir prácticamente encerrados. Por fuerza esto dejará huella en sus vidas. Ahora casi ya no se habla de los campos de refugiados, pero la gente sigue allí y está desesperada. Son los grandes olvidados y tenemos que volver a despertar las conciencias sobre su situación. 

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