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GENTE CORRIENTE

Roger Salmerón: «Un conflicto es una ventana de oportunidad»

Es mediador en ocio nocturno y recorre las calles de Platja d'Aro para detectar conflictos y prevenir su estallido

Gemma Tramullas

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ELISENDA PONS

Quedamos con Roger Salmerón (Barcelona, 1980) en la Barceloneta para conocer su experiencia como mediador en zonas de ocio nocturno, una figura en alza surgida de los estudios de máster y posgrado en el ámbito de la gestión de conflictos en el espacio público que se imparten en la Universitat Oberta de Catalunya y la Universitat de Girona. A media conversación, un joven 'skater' está a punto de chocar con una anciana que lleva un carrito de la compra.

–¿Qué es para usted un conflicto? Aunque la palabra tiene connotaciones negativas, para mí es una ventana de oportunidad, un cruce en el que la persona tiene que tomar una decisión: si la toma bien, volverá a la paz; si la toma mal, lo pasará mal.

–¿Cómo actuaría en el caso del 'skater'? Primero empatizaría con el chico, porque entrar directo al problema es agresivo. Me presentaría, le diría que mi función no es sancionar y le explicaría el conflicto al que casi se expone y el daño que podría haber hecho a una mujer que quizá no tenga quien la cuide. Cuando ven las consecuencias que podría haber tenido el conflicto acostumbran a tomar conciencia. Los jóvenes suelen ser  más receptivos a nuestras intervenciones. 

–¿Por qué? Son jóvenes y rebeldes, pero no son tontos. Por ejemplo, si les explicas que por estar bebiendo en la vía pública podrían ser sancionados son más sensibles a esta información porque no tienen dinero.

–Pero la decisión final es suya. Sí. Nosotros no instruimos ni dirigimos. Los mediadores queremos empoderar a la persona, darle las herramientas para que se dé cuenta de que está en un conflicto, que vea las diferentes salidas que tiene y, a partir de ahí, de manera libre, pueda optar por una salida u otra, siendo consciente de las consecuencias de esa decisión. 

–La figura del mediador en ocio nocturno se estrenó el año pasado en Platja d’Aro. Frente a un problema social, el mundo académico –especialmente Xavier Pastor y Eduard Carrera– se activó y propuso esta iniciativa. Estamos frente a un nuevo paradigma de intervención para pacificar el espacio público, nos lo estamos inventando y cada día aprendemos.

–¿Qué resultados han obtenido? El año pasado el número de denuncias bajó mucho en Platja d’Aro, de ahí que el servicio se haya ampliado y extendido a Calella y Badalona. Yo coordino tres turnos de mediadores de tarde y noche en Platja d’Aro y este verano nos hemos centrado en el botellón con resultados muy buenos.

–¿Ir sin uniforme es una ventaja? En los conflictos de baja intensidad que nosotros tratamos, sí. Muchas veces los chicos te hablan de sus problemas y ese conocimiento es útil en la prevención. Colaboramos estrechamente con la policía local y los servicios sociales y eso es muy bueno porque los problemas acostumbran a tener mejores soluciones si se abordan desde distintos puntos de vista.

–¿Cuál es la principal habilidad de un mediador en ocio nocturno? Hay que ser un gran observador porque a menudo los conflictos pasan de cero a cien en muy poco tiempo. Vamos siempre en parejas, estamos continuamente en movimiento y vamos recogiendo datos. Todos estos datos hacen emerger patrones que nos permiten detectar tendencias a que aparezcan determinados conflictos.

–¿Usted cómo llegó a la mediación? Siempre me ha atraído mucho el tema de la cultura de la paz. Yo soy psicólogo pero antes estudié informática. Durante la crisis me salió una oferta de trabajo muy buena en Bristol, pero yo sentía que tenía que quedarme.

–Apostó por su intuición. Sí, pero pensando que, si me quedaba, tenía que hacer algo para contribuir a reconducir la situación. Entonces empecé a reorientarme profesionalmente. Estudié psicología, abrí una consulta y después hice el posgrado en gestión de conflictos de la Universitat Oberta de Catalunya. La mediación me encaja como un guante.

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