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GENTE CORRIENTE

«Hay que creer para ver, no ver para creer»

Mediante técnicas de 'mindfulness', la empresaria Natividad Pérez ayuda a personas que necesitan reinventarse

Juan Fernández

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JUAN MANUEL PRATS

Paradojas de la vida moderna: portamos un cerebro que busca estabilidad y permanencia en una era en la que ya nada es sólido ni dura para siempre. Advertida de la cualidad volátil de los tiempos que corren, Natividad Pérez (Albox, Almería, 1965) ha decidido hacer del clásico «renovarse o morir» su forma de vida. La directora de la Escuela Jung de Alto Rendimiento tiene un mensaje para quienes necesitan reinventarse: si cambias tu mente, cambiarás tu destino.

–Del estallido de la crisis para acá, lo de la reinvención y el emprendimiento se ha puesto de moda.
–No es una moda, esto ha llegado para quedarse. La forma de funcionar del pasado ya no sirve, hay que adaptarse a los tiempos cambiantes que vivimos. Ya no se trata de que salgas de tu zona de confort en un momento dado para superar un contratiempo, se trata de que te acostumbres a vivir cómodo fuera de la zona de confort, porque esa zona ha desaparecido. El problema es que hemos sido programados con patrones mentales resistentes al cambio. Especialmente aquí.

–¿Aquí?
–En España, desde siempre, se han inculcado el miedo a cambiar y la cultura del «no destaques, no llames la atención, mejor fíjate en lo que hacen los demás y pasa desapercibido». No lo digo yo, lo dicen los estudios internacionales. Soy consejera para España de Entreps, el observatorio mundial de empresarios y emprendedores, y los españoles somos los que peor resultado damos en autoestima y voluntad de emprendimiento. Es cultural, pero se puede cambiar si se cambia esa programación mental. 

–¿Cómo?
–Cuando empecé a trabajar en este campo, casi nadie aquí hablaba de mindfulness ni de foco de atención o reprogramación mental. Hoy hay multitud de técnicas contrastadas que sirven para que las personas desaprendan lo que les enseñaron mal y adquieran nuevas habilidades que les servirán para ver oportunidades donde antes solo veían problemas. Son técnicas que se dirigen al nivel subconsciente de la mente, que es el responsable del 95% de nuestras decisiones, el que hace que pensemos como pensamos y que tengamos los miedos que tenemos.

–¿Y funciona?
–Se sorprendería de los resultados. En un fin de semana, mediante técnicas de aprendizaje superacelerado y trabajando sobre el hemisferio derecho del cerebro, he visto a personas superar duelos, descubrir capacidades que desconocían y vencer conflictos personales que las tenían atenazadas, impidiéndoles encontrar una salida a sus vidas. Si cambias tus creencias, cambias tu vida. Pero el orden es este: hay que creer para ver, no ver para creer. 

–Es fácil decirlo, pero ¿cómo se lo explica a un parado de larga duración o a alguien que arrastra una crisis sentimental desde hace años?
–Tienes dos caminos: seguir siendo víctima o hacerte responsable de tu vida. No es fácil elegir lo segundo, pero tampoco es imposible. No hay nada ni nadie que te impida ser quien quieres llegar a ser. Se trata de que descubras tu verdadera pasión y trabajes por desarrollarla. Cuando estás conectado con tu verdadero talento, todo lo demás llega solo. Se lo digo por experiencia.

–¿Usted también ha vivido procesos de cambio de este tipo?
–Estudié Derecho porque a mi padre le hacía ilusión y trabajé durante 15 años como asesora jurídica en un despacho de abogados y en una promotora inmobiliaria, pero sentía que ese no era mi sitio. En el 2008 me separé y perdí mi trabajo. Las crisis son buenas porque te enfrentan a las preguntas poderosas: ¿quién soy?, ¿a qué he venido a este mundo? Y decidí dar un giro radical a mi vida. Me marché al extranjero para formarme con los mayores expertos mundiales en entrenamiento mental, que era un campo que me apasionaba, y encontré la respuesta a aquellas preguntas. Ahora soy feliz ayudando a otras personas a reinventarse. 

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