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Miquel Massana: «Me encanta improvisar con el órgano de iglesia»

Montserrat celebra este agosto la 25ª edición de su curso para organistas de iglesia; este músico ha participado en 10 de ellas

MAURICIO BERNAL

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RICARD CUGAT

Miquel Massana tenía 10 años la primera vez que se sentó a los mandos de un órgano de iglesia. “Bueno, un órgano electrónico”, dice. Era el que había entonces en su pueblo, La Selva del Camp, donde se crio entre la marcada afición de sus padres por la música y el ambiente de un pueblo con una pronunciada cultura musical; así que no es raro que haya seguido el camino que ha seguido. Estudió piano en el conservatorio del Liceu y Dirección de Orquesta en la Esmuc (Escola Superior de Música de Catalunya), y es por allí que irá su carrera, pero el órgano de iglesia ha sido siempre una de sus debilidades, quizá la mayor, y es un síntoma de ella que haya participado hasta 10 veces en el Curso de Formación para Organistas de Iglesia de Montserrat, que este agosto celebra su 25ª edición.

-A los 10 años, entonces.

-Pues sí. Mi profesor de piano era Joan Vilalta y era el organista del pueblo, y un domingo, en misa, me dijo: “Ponte aquí”.

-¿Cómo le fue?

-Era el momento de la comunión y él iba a comulgar. Solo tuve tiempo de tocar una pieza, pero me encantó. Me gustó tanto que me preparé para tocar yo mismo el órgano en dos celebraciones familiares que se avecinaban: la primera comunión de mi hermana y la boda de mi tía.

-¿Lo hizo?

-En la primera comunión sí, pero en la boda no pude porque acababan de poner el nuevo órgano, un órgano bueno, digámoslo así, y aún no lo habían inaugurado.

-Un órgano bueno que no tenían desde la guerra, ¿no? Era el reemplazo del quemado.

-Eso. Después de la inauguración me dejaron tocarlo, la primera vez que tocaba un órgano de iglesia. Yo iba con mucho respeto. Piense que es un gran órgano, un órgano de 2.400 tubos, tiene tres teclados, un pedal… Todo me quedaba grande. Pero la experiencia fue brutal y me motivó mucho.

-Hasta el punto que se convirtió en el organista titular, ¿no?

-Bueno, no se puede decir que fuera el organista titular porque, en fin, plazas para organistas titulares en Catalunya solo tienen la Sagrada Família, la Catedral y tres iglesias más. Esto no es Alemania, donde cada iglesia tiene su organista titular, su coro… En La Selva había varias personas que tocaban el órgano, yo era una de ellas.

-¿Tocaba? ¿Ya no?

-No tanto como antes, lo sigo haciendo, pero es que voy poco por el pueblo. Ahora lo hago sobre todo por fiestas. Semana Santa, Navidad… Pero de vez en cuando toco en alguna iglesia aquí en Barcelona.

-Hablemos de los cursos de Montserrat. Impresionante sitio para un curso de órgano.

-Qué le voy a decir. Estuve yendo 10 años, no tengo sino buenas palabras. Le voy a contar algo: en toda la abadía hay cuatro o cinco órganos, y como siempre éramos un grupo grande, nos repartíamos, pero cuando te tocaba el órgano de la basílica era algo muy especial. Tienes la Moreneta detrás, la basílica en un silencio absoluto, era brutal. Pero para mí era una experiencia que iba más allá de lo musical.

-¿Qué quiere decir?

-Bueno, es toda una semana que pasas allí. Duermes en la hospedería de la abadía y lo que más increíble era para mí al principio es que comes con ellos, con los monjes, que comen en absoluto silencio. Las primeras veces se me ponía la piel de gallina.

-Debe de tener un montón de recuerdos.

-Tuve suerte, porque durante muchos cursos fui el más pequeño, entonces los monjes me cuidaban, me llevaban por sitios donde la gente no suele ir, por ejemplo. Gracias a ellos me conozco todos los rincones de Montserrat.

-Para terminar, dígame, ¿qué hace a un buen organista de iglesia?

-La función del organista es dignificar… No sé si sea la palabra: dignificar o solemnizar la liturgia. Tú acompañas los cánticos; te dan una melodía, pero tú tienes que llenar con unos acordes, con una armonía. Aunque sigues el orden de la ceremonia, hay momentos en los cuales puedes improvisar, que es algo que me encanta hacer, pero eso también debes saber cómo hacerlo.  

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