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GENTE CORRIENTE

Ndeye Gueye: «Soy la primera africana que abre una chatarrería en BCN»

Senegalesa, llegó hace una década a recoger fresas en Huelva y ahora tiene su propia chatarrería en el barrio del Besòs, en Barcelona

MAURICIO BERNAL

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ELISENDA PONS

Esta es la historia de todas las historias que ha vivido Ndeye Gueye (Mbacké, Senegal, 45 años) desde que llegó a España hace una década: su historia de recoger fruta en los campos de Huelva; su historia de vender zumos a los 'manteros' de Barcelona, o la de vender su famoso arroz con pescado a los recolectores de chatarra, también en Barcelona; su historia de poner en marcha una chatarrería propia; su historia, en fin: la de una senegalesa obstinada, emprendedora y con ganas de salir adelante. Hela aquí, señorial e impasible, en el barrio del Besòs, en la calle de Bolivia, número 333, detrás del escritorio o más bien trono desde el que reina sobre su negocio.

-Recogiendo fruta. Así empiezan muchos inmigrantes.

-Sí, así empecé yo. Llegué en el 2008 con un contrato de trabajo por seis meses para la recogida de la fresa en Huelva. Porque en Senegal no había trabajo. Se terminó el contrato y mi jefe me dijo: «Si quieres quedarte, quédate». Y yo dije: «Bueno, voy probar suerte».

-Cuénteme cómo acabó en Barcelona.

-Primero trabajé en Lleida; en el campo y en los almacenes de fruta. Luego, gracias a un amigo de Senegal trabajé un tiempo en una fábrica de cinturones de seguridad en Granollers. Los africanos nos ayudamos mucho entre nosotros. Luego sí vine a Barcelona.

-Zumos para los manteros, ¿no?

-Sí, hay que buscarse la vida, aunque eso solo duró tres meses.

-¿Zumos de qué?

-Bissap. Es típico de Senegal, a los senegaleses nos gusta mucho. Hacía el zumo y lo vendía por botellas, a un euro cada una.

-Pero solo duró tres meses.

-Sí, porque el mismo amigo me habló de una chatarrería de senegaleses y de guineanos de Conakry en Bogatell, en la calle de Zamora. Allí conseguí que me dejaran un rincón donde no solo vendía el jugo de bissap sino el 'thieboudienne', que es un plato senegalés típico que se hace a base de arroz y pescado. También servía café touba.

-Y sus clientes eran…

-Por un lado los que trabajaban en la chatarrería, pero sobre todo los senegaleses que llegaban con sus carritos a vender la chatarra. Fue ahí que conocí a mi marido. Él trabajaba ahí. Ahora trabaja conmigo.

-Cuénteme: ¿había colas para comer su arroz con pescado?

-Je, je, ¡no, tampoco! Pero tenía una cierta fama, eso sí.

-¿Fue allí que se le ocurrió montar su propia chatarrería?

-Sí, ocurrió cuando el ayuntamiento cerró la chatarrería de Zamora. Entonces mi marido y yo decidimos montar nuestro propio negocio. Habíamos ahorrado, habíamos aprendido y creímos que era posible.

-Me parece que no fue sencillo, ¿no? Que necesitaron apoyo.

-Es que nos dimos cuenta que había cosas que nos iban a costar más, como un aval que necesitábamos y que no teníamos, pero entonces una amiga mía, Bombo Ndir, que es una senegalesa muy conocida aquí en Catalunya, me habló de la Fundació Servei Solidari y de un programa de apoyo y microcréditos que tienen allí para mujeres emprendedoras. Sin la fundación no lo habríamos hecho.

-¿Cómo le ha ido? He visto que hay movimiento.

-Sí, la gente me conoce y vienen con sus carros a venderme chatarra. Pago 13 céntimos por el kilo de hierro. ¿Y sabe qué? Yo diría que soy la primera mujer africana que pone una chatarrería en Barcelona.

-Su idea es consolidar el negocio, supongo, hacerlo crecer…

-Pues sí... sí y no. Mi idea a largo plazo, ¿sabe cuál es? Abrir un restaurante. Tengo tres hijos en Senegal que quiero que vengan a vivir aquí, y si lo hacen y tengo mi restaurante, pues tendrán dónde trabajar.

-Ah. Donde venderá su famoso 'thieboudienne'Y se llamará…

-Si lo abro, si algún día puedo hacerlo, mi idea es que lleve el nombre de mi abuela: Mama Astou.

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