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Gente corriente

«¿Y las normas? ¿Quién enseña las normas?»

Con 1.500 partidos de fútbol arbitrados en 20 años, Antonio Torres considera urgente dar clases de reglamento a los más jóvenes

Gemma Tramullas

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RICARD CUGAT

«Buenos días. Me llamo Antonio. ¡¿Lo vamos a pasar bien o no?!». Así cuenta Antonio Torres López (Sabadell, 1967) que empezó su primera clase de reglamento futbolístico en un club del distrito barcelonés de Nou Barris. «¡Síííí!», dice que contestaron los niños a coro. Exjugador y exárbitro, Torres López considera que niños y niñas -y los más mayorcitos también- no conocen bien las reglas y propone clases teóricas amenas para motivarles, potenciar su creatividad y mejorar el ambiente en el campo [contacto: a.torreslopez@hotmail.com]

-Estamos en la Nova Creu Alta de Sabadell [foto] porque su sueño era ser futbolista. Mi primer club fue el Centre Esport Sabadell. Tenía 9 o 10 años y ya iba solo al campo, que quedaba a dos kilómetros de casa. En el Sabadell no jugaba cualquiera. Recuerdo especialmente a Miquelet. Era el mejor jugador y la mejor persona del Alevín A, con diferencia. Póngalo, por favor. Falleció en un accidente de coche con su hermano Germán.

-Pasó por varios clubes y a los 18 años estuvo a punto de fichar por el Terrassa. Tenía que jugar con el primer equipo en la categoría sub-23, pero no presenté la documentación a tiempo y el entrenador me mandó al segundo equipo. No lo acepté. Yo había dejado los estudios por el fútbol y decían que era bueno, pero no tuve apoyos.

-Y se pasó al arbitraje. ¿Cómo era arbitrar en categorías inferiores entonces? Más difícil que ahora. Al año y medio tuve una trifulca gorda en un campo y quise dejarlo. Incluso llegó a intervenir mi padre, pero el presidente del Colegio de Árbitros de Sabadell le dijo: «¿Ha ido la ambulancia a rescatar a su hijo? ¿Verdad que no? Pues entonces no se preocupe, que continúe».

-Caray. ¿Qué cualidades debería tener un árbitro según usted? El árbitro tiene que transmitir confianza. Puede saber mucho de reglamento, pero luego está la interpretación. Tiene que decidir en décimasde segundo y ahí está el oficio, que exige ciertas cualidades humanas: ser honrado, justo, valiente, sensible, saber ponerse en el lugar del otro...

-Usted siguió arbitrando hasta el 2004. Después de más de 1.500 partidos lo dejé porque estaba desencantado, me veía desgastado. Me desconecté del fútbol hasta que hace unos meses preparé un proyecto para enseñar el reglamento a niños y niñas.Gracias al periodista Eduardo Berzosa conseguí mi primera clase.

-¿Juegan a fútbol sin saberse las reglas? ¿Verdad que nadie empieza a jugar al ajedrez sin saberse las normas? Pues a los niños muchas veces se les dice: «Toma, juega. Dale una patada al balón». ¿Y las normas? ¿Quién les enseña las normas? Ha habido modificaciones y no se las explican. No hace falta que se sepan el reglamento al dedillo, pero si conocen la esencia se respetarán más entre ellos y también al árbitro.

-¿Y dice que da las clases sin cobrar? Lo haré de forma altruista el tiempo que pueda, solo pido que me paguen los gastos. Yo ahora me dedico a cuidar a mis padres. En el 2015 hice una huelga de hambre para reclamar la ayuda por dependencia para mi madre. Me planté dos semanas en el ayuntamiento de Sabadell y tres días en la plaza Sant Jaume de Barcelona con una pancarta que decía: 'La política debería estar para servir al pueblo, no para servirse de él. No más recortes en educación, cultura y sanidad'.

-¿Consiguió su objetivo? Fueron los días previos a la investidura de Ada Colau y un día la paré cuando salía del ayuntamiento y le conté mi caso. Me escuchó, me dijo que eso era cosa de la Generalitat y me deseó suerte. En Sabadell los políticos se hicieron los longuis. Pero fue una experiencia única y una satisfacción personal tremenda por la calidad humana y el apoyo que recibí de la gente.

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