Ir a contenido

GENTE CORRIENTE

«Buscad una pasión que os saque de la cama»

A sus 84 años, Georgina Regás ha viajado a Senegal para enseñar a mujeres a hacer confitura de mango como impulso de una cooperativa social

Carme Escales

lpedragosa37665780 georgina regas contra contraportada170416195408

Joan Castro ICONNA

Hoy, día oficial de la mona, mermeladas y confituras enriquecen las entrañas de muchos de esos postres coronados fantasiosamente. Confitar fruta es ya un acto de imaginación, muy propio de esa payesía que nada desecha. Georgina Regás (Barcelona, 1932) no era payesa. Tenía 43 años y no había hecho nunca una mermelada. Pero a esa edad, ella y su marido compraron una casa con jardín en Torrent (Baix Empordà). Y en el jardín había un generoso limonero. «No sabíamos qué hacer con todos los limones que daba, hasta que una receta para hacer mermelada de limón me abrió un mundo».

–De su vida podría decirse «a la vejez, ciruelas». Se arremangó para hacer confituras.
–Sí, la vida es una aventura, y no sabes hasta qué punto tú la dominas o te domina ella a ti. Pero si sientes curiosidad, creo que tienes asegurado pasarlo bien viviéndola. 

–Montar a los 72 años una fábrica de mermeladas y el Museu de la Confitura [www.museuconfitura.com] es una gran aventura.
–Es algo que, seguramente, de joven no me hubiera atrevido a hacer. Pero ante un futuro teóricamente corto tienes mucho menos que perder. Invertí el equivalente a 500.000 pesetas, que podía haber gastado en un viaje. Hay placeres que no dan ni fama ni dinero. No hice ningún estudio de mercado.

–¿Físicamente se sentía bien?
–Hasta los 70 estuve muy bien. A partir de entonces hay que admitir algunas carencias, pero yo siempre les digo a las personas jubiladas: buscad una pasión que os saque de la cama. Sea hacer sudokus, pasear el perro, mirar las estrellas o fotografiar puestas de sol, lo que sea, pero necesitamos ocuparnos. Así no duelen tanto los males y no se da la lata al que vive alrededor. Yo, si no entro en detalles, estoy bien.

–Y ahora que museo y obrador de confituras ya marchan viento en popa, se embarca en un nuevo proyecto en Senegal. ¿Cómo surgió y qué están haciendo?
–Me presentaron a Mamadou Saliou, un joven senegalés de 24 años que vino a Catalunya para jugar a fútbol profesionalmente. Ahora tiene su propio negocio de alquiler de bicicletas, y ha creado una fundación que ayuda a escolarizar a los niños del barrio de Lyndiane, en Ziguinchor (Senegal) (www.diandeafrica.org). Me ilusionó participar en el proyecto, y en junio del año pasado fui allí a enseñar a las mujeres a hacer confitura de mango. La idea es crear una cooperativa y un centro cívico donde dar clases de recuperación y de informática a los niños y niñas del barrio.  

–¿Estudiar es clave para salir adelante?
–Mira, yo de pequeña estuve interna en un colegio. Mis padres se habían separado, cosa que en aquellos tiempos suponía llevar una mancha encima. Y yo quería estudiar para poder trabajar y ganarme la vida, pero me decían que tenía que dedicarme a mis labores. Tuve suerte de que hubiera también un cura muy abierto, y le dije que quería estudiar para trabajar y poder hacer lo que quisiera. Recuerdo que me dijo: «La libertad bien entendida empieza con la libertad económica». Aquello era Marx, pero evidentemente a Marx ni lo nombró. Entonces leían hasta donde se podía leer.

–¿Para qué es necesaria la libertad?
–Para entenderlo todo mejor, para ser más comprensivos con los otros. Si puedes hacer lo que quieres, tendrás mucho más respeto por la vida de los demás, sean personas gordas, hombres, mujeres, homosexuales o transexuales. Mi madre me decía: «Aprende inglés y verás el mundo de otra manera». Me envió tres años a Gran Bretaña.

–De la separación de sus padres y de su propia vida [hace tres años que es viuda], ¿qué ha aprendido sobre amor conyugal?
–Que el enamoramiento no dura toda la vida, pero es la complicidad de comprensión lo que te hace convivir con alguien más agradablemente.

0 Comentarios