Ir a contenido

Barcelona suspende en parques para niños con discapacidad

La capital catalana cuenta solo con 11 áreas de juegos infantiles adaptadas

La Síndica de Greuges pide al Ayuntamiento que instale más zonas accesibles

Gemma Varela

Un tobogán con una rampa de acceso, en la Ciutadella. / RICARD FADRIQUE

Un tobogán con una rampa de acceso, en la Ciutadella.
Un panel para aprender a leer en Braille y ponerlo en práctica, en Can Dragó.
La zona del arenal está delimitada del resto del parque, con suelo de caucho, también en Can Dragó.

/

A media tarde es habitual que niños y niñas llenen -merienda en mano- las plazas de Barcelona y correteen en busca de un tobogán, un columpio o una red para escalar. Pero no todos los barrios de la ciudad cuentan con parques adaptados, así que muchos padres tienen que desplazarse en coche o transporte público para que sus hijos puedan jugar al aire libre. Las cifras son elocuentes: en Barcelona hay 3.191 niños con discapacidad y 700 parques infantiles, de los que solo 11 están adaptados y son plenamente accesibles; uno por distrito excepto en Sant Martí, que cuenta con dos.

«Si queremos una ciudad inclusiva, tenemos que empezar por formar niños inclusivos dentro y fuera de la escuela», asegura Noemí Santiveri, profesora de Pedagogia en la UAB. Esto implica que los niños jueguen juntos. Y atención, que más allá del puro divertimento, jugar también es un derecho infantil (así lo recoge la Declaración de los Derechos del niño firmada por la ONU). «Parece que las grandes ciudades no están preparadas para las actividades extraescolares inclusivas. En un pueblo es más fácil tener los medios adecuados, ya que los padres tienen un contacto más directo con el Ayuntamiento», añade Santiveri, que también es portavoz de la Plataforma per una Escola Inclusiva a Catalunya.

La Síndica de Greuges de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, ya ha pedido al Ayuntamiento que amplíe las zonas lúdicas accesibles para contribuir a la integración de los pequeños. Con estos espacios al resto de niños de hoy (adultos del mañana) también se les está inculcando valores y educando en la diversidad. «Pueden acompañarles, divertirse juntos y ayudarles cuando lo necesiten», explica Santiveri. También sirve para romper tabús y estereotipos entre los mayores. «Históricamente se ha manifestado un menosprecio hacia las personas discapacitadas. Muchos padres apartaban a sus hijos de los niños con discapacidad, como si se fueran a contagiar. Con el tiempo esto ha cambiado, pero queda mucho camino por recorrer», añade la pedagoga.

Cuando la arena es una barrera

¿Y qué tienen estos 11 parques que no tienen el resto? La primera premisa es que son parques de fácil acceso y seguros. «Un escalón en la entrada o la arena del suelo son barreras arquitectónicas difíciles de superar», explica Santiveri. De hecho, los padres que empujan sillas de ruedas reclaman suelos de caucho en todas las zonas de juego de la ciudad para poder desplazarlas con más facilidad y proponen que la arena esté en un espacio delimitado. También deben disponer de elementos de juego adaptados, por ejemplo toboganes con una rampa de subida (en vez de una escalera) balancines con arneses y juegos sensoriales. Finalmente, deben ser inclusivos, fomentando que los niños con y sin diversidad funcional jueguen juntos y revueltos.

El mantenimiento de estas zonas es un punto clave. Un balancín con un arnés roto puede ser peligroso. En este sentido, Marie-Pierre Caire -una madre que lucha para conseguir un columpio adaptado para  sillas de ruedas- advierte de que hay «juegos inclusivos que están descuidados y dañados». Caire recuerda que el juego es «importantísimo para el desarrollo de un niño» y se indigna al pensar que algunos pequeños no puedan disfrutar plenamente del recreo «por falta de instalaciones adecuadas». En este sentido, la síndica añade que «la dispersión de las 11 zonas adaptadas -en una ciudad grande como Barcelona- conlleva que, en la práctica, se excluya a una gran parte de los niños que podrían utilizarlas». 

Falta de regulación

«En el mundo de la educación inclusiva ahora hay un liderazgo político claro, y esto debe expandirse a todos los ámbitos», explica la profesora de Pedagogía. A pesar de que no existe un marco regulador que exija el número determinado de columpios adaptados en Barcelona, por ejemplo, el consistorio es consciente de que tiene una cuenta pendiente con los niños con diversidad funcional, ya sea física, visual, auditiva o cognitiva. El Institut Municipal de Persones amb Discapacitat (IMPD) revisará la red de parques accesibles para incorporar mejoras. Además, desde el IMPD, consideran interesante llevar a cabo «una prueba piloto para evaluar nuevos elementos de juego» -por ejemplo un columpio en forma de plataforma para los niños con sillas de ruedas- y también explican que están asesorando al Zoo de Barcelona para diseñar su nuevo espacio de ocio infantil para que sea inclusivo bajo criterios de accesibilidad universal, «un modelo que podría replicarse en algún parque público de la ciudad».

Toboganes y balancines inclusivos, un logro de los padres

En el último lustro, varias ciudades españolas han adaptado sus parques con toboganes, balancines y columpios inclusivos. No ha sido un juego de niños, sino una lucha muy batallada por los padres. La huella digital da fe de ello: se iniciaron recogidas de firmas para conseguir columpios adaptados desde Barcelona a Logroño pasando por Soria y Palencia. Y en estas ciudades, la lucha dio sus frutos. En el caso de la capital catalana, se estudiará un plan piloto. Y en el resto ya hay niños que disfrutan de ellos.

En Madrid, el Ayuntamiento anunció en abril la rehabilitación de 33 parques infantiles para hacerlos inclusivos. El último proyecto de estas características en la ciudad se llevó a cabo en el 2004.

Temas: Niños

0 Comentarios