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MUDANZA FORZOSA

Sebastián Giancarlo: "El piso de Terrassa valdría el doble en Barcelona"

Ciudadano italiano y natural de Venezuela, se ha mudado con esposa e hijos a la cocapital vallesana para seguir trabajando en Barcelona

ALBERT SEGURA / TERRASSA

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Sebastián Giancarlo. / ALBERT BERTRAN

La vida da muchas vueltas, y a veces obliga también a darlas. Esto le ha ocurrido a Sebastián Giancarlo, su esposa Irene y sus dos hijos, todos ellos nacidos en Venezuela pero con ciudadanía italiana. La pésima situación que cruza su país los ha empujado al viejo continente, donde pueden trabajar de lo suyo. Son graduados en Administración y Dirección de Empresas y trabajan en el área de Barcelona, y hasta hace menos de medio año vivían en la capital. Ahora, los precios de alquiler los han empujado a mudarse a Terrassa, donde pagan la mitad por un piso de mejores condiciones.

Vivían en Isla Margarita, al norte de Venezuela, un lugar idílico hasta hace mucho, pero que la crisis que vive el país ha deteriorado considerablemente. "Decidimos probar suerte en España, primero en Málaga, donde no encontrábamos trabajo, y un año después nos mudamos a Barcelona, donde mis dos hijos empezaron a estudiar en la escuela y en el instituto", explica Giancarlo. La integración ha contado con el aprendizaje del catalán, algo por lo que ha contado con la ayuda de los dos centros educativos con grata sorpresa para él.

MEJOR PRECIO Y VIDA

El problema era el elevado coste de vivir en Barcelona. Pagaban 1.200 euros por un piso deteriorado y con dos habitaciones, y se encontraban a las puertas de una revisión al alza. "Decidimos buscar fuera de Barcelona, en Rubí, Sabadell y Terrassa, y finalmente encontramos un piso por 600 euros, de 120 metros cuadrados y tres habitaciones en el que nos sentimos muy a gusto, al poco de llegar fue la Fiesta Mayor, es una ciudad maravillosa que nos encanta, donde cuando vas al parque la gente te saluda y te habla, en Barcelona cuesta de encontrar", asegura. De hecho, constata que a medida que se alejaba de la capital los precios se reducían paulatinamente, por lo que lograron encontrar un equilibro entre proximidad, precio y prestaciones.

El único inconveniente es que los hijos siguen escolarizados en Barcelona, Sebastián trabaja en la capital e Irene en el Prat de Llobregat. "Cada día tomamos el tren, yo tomo los FGC hasta Plaça Catalunya y ella Rodalies hasta Sants, deja al pequeño en el cole y sigue hasta El Prat con otro tren, es un poco lío, pero ya estamos acostumbrados", admite. La mayor, ya en 2º de Bachillerato, hace el trayecto por su cuenta.

Otro problema es que Terrassa se encuentra a dos zonas de distancia en transporte público, algo que eleva el trayecto. "Pagamos más para movernos, pero sin duda compensa", sentencia.

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