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COMPAÑÍA EN PROBLEMAS

Abengoa, el ocaso de un mito local

En Abengoa los contactos establecidos a través de puestos en sus consejos fueron vitales para su desarrollo

Julia Camacho

Abengoa

Planta solar de Abengoa en Sanlucar La Mayor. / AFP/CRISTINA QUICLER

“Entrar allí era que te tocara el Gordo”, “era un trabajo para toda la vida”… La conmoción se ha instalado en la vida empresarial sevillana tras conocerse que Abengoa, la multinacional de referencia andaluza alabada a uno y otro lado del océano, la ‘joya de la corona’ y punta de lanza del tejido industrial de la región, se enfrenta al que ha sido calificado ya como el mayor pre-concurso de acreedores de la historia de España. Mientras el consejo de administración trata de ganar tiempo en busca de una solución, los trabajadores no salen de un estado de shock,  que se ha extendido como un reguero de pólvora por la ciudad y viven con inquietud ante la posibilidad de que, sin una inyección económica, la empresa no tenga siquiera para pagar los salarios, una posibilidad que los sindicatos descartan en estos momentos.

En el año de su 75 aniversario, Abengoa se enfrenta al momento más difícil de su historia, vinculada desde sus inicios a la ingeniería de alto nivel y que en los últimos lustros alcanzó sus mayores cotas de éxito en el campo de las energías renovables. Una empresa familiar y netamente andaluza, como se encargaban de recordar los gerifaltes políticos cada vez que escoltaban a la saga Benjumea en sus escasas actividades mediáticas. Salvo contadas excepciones, vinculadas sobre todo a su intensa vida cultural a través de la Fundación Focus, la marca se ha destacado por una nula actividad comunicativa.

Bajo el mandato de Felipe Benjumea, y especialmente el de su equipo de confianza, se fue instaurando un ambiente opresivo en el que, denuncian, ni siquiera podían abandonar el edificio para comer en su casa. La norma era usar el comedor de la empresa: un catering cuyo coste les descontaban a final de mes de su nómina y que era proporcionado por una entidad que tenía en nómina a la mujer del presidente como asesora de alimentación. Aún así, la multinacional seguía siendo el sueño de cualquier ingeniero de la zona, que ahora se queda huérfana y sin alternativa en la que buscar trabajo. Ese será otro daño colateral, alertan los sindicatos, el de la fuga de talento (know-how) hacia otras comunidades o incluso el extranjero por falta de opciones.

Acercamiento al PSOE

Las amistades y los buenos contactos fueron fundamentales para la expansión del negocio de Abengoa, en el que el patriarca Javier tuvo claro la necesidad de arrimarse siempre al poder para resguardarse de los posibles vaivenes de un sector regulado a golpe de BOE. Así, en los albores de la Transición, Benjumea apostó por un emergente Felipe González y un socialismo andaluz que años más tarde vería a Abengoa como la punta de lanza de un tejido empresarial andaluz subdesarrollado y el ejemplo a seguir en búsqueda de un nuevo modelo productivo con las energías renovables y la innovación tecnológica como reclamo.

La táctica del padre fue continuada por los hijos, Felipe y Javier, quienes se hicieron cargo de la empresa en 1990. Por esos mismos años, la relación con el PSOE-A, y por extensión con la Junta de Andalucía, se hizo cada vez más cercana en la misma medida en que aumentaban las subvenciones y las licitaciones públicas. Los Benjumea mantenían amistad con el expresidente José Luis Rodríguez de la Borbolla, sentaron a su antecesor Rafael Escuredo en el consejo de administración y tuvieron como apoderada en sociedades participadas durante varios años a la hija de Manuel Chaves. 

El origen de la empresa se remonta a 1941, cuando un ingeniero llamado Javier Benjumea –proveniente de una rica familia de terratenientes con vínculos con la dictadura-- y José Manuel Abaurre, compañero de Universidad en Bélgica, deciden crear una fábrica de contadores y montajes eléctricos. Al fundador de la saga le gustaba recordar que iba en una pequeña bici con unos alicates en el bolsillo respondiendo a las demandas de los clientes. La diferencia fue que contaba con el apoyo de su tío, Joaquín Benjumea, ministro de Hacienda y gobernador del Banco de España, bajo cuyo paraguas Abengoa se hizo hueco como proveedor de ingeniería industrial para grandes empresas nacionales. También con el de la Compañía de Jesús, que acogió a Don Javier en sus años de estudiante deslumbrada por su talento y que más tarde colaboró a abrir puertas en el inicio de sus aventuras extranjeras.

Un simple vistazo a la composición de sus consejos de administración permite comprobar que además de acercarse al PSOE durante la transición y en especial a Felipe González, los Benjumea tampoco hicieron ascos a la derecha y, a golpe de sillón, entrelazaron negocios y contactos. En su nómina de consejeros, ya sea en la matriz o en algunas de sus filiales, figuran desde socialistas como el ex ministro José BorrellCarlos Sebastián (hermano del exresponsable de Industria Miguel Sebastián) o el exdiputado Luis Solana (hermano de Javier Solana) hasta dirigentes populares como el exembajador en EEUU Javier Ruperez, el exsecretario de estado Ricardo Martinez-Rico (socio de Cristóbal Montoro y secretario de Estado con Aznar) o incluso gente cercana a la monarquia, como Carlos de Borbón Dos Sicilias, primo del rey emérito- o Alberto Aza, jefe de la Casa del Rey hasta 2011. Se llegó a insinuar que el empresario catalán Javier de la Rosa actuaba en representación de las acciones del monarca.

La ayuda de Juan Carlos I fue también decisiva en el salto a Estados Unidos, un proyecto que se fue consolidando con la entrada de asesores internacionales como el ex presidente de Perú, Alan GarcíaJuan Verde y Heather R. Zichal, asesores del presidente Barak Obama o el exgobernador demócrata de Nuevo México Bill Richardson. De su mano, Abengoa se había convertido en el modelo a seguir en el desarrollo de infraestructuras y energias renovables, como señaló en 2009 el propio Obama. Ahora, los Benjumea confían en que esos mismos contactos les sirvan para evitar la caída, y su ocaso ha irrumpido en la precampaña electoral con el PSOE-A y la Junta de Andalucía bramando porque la banca salve a la compañía. La propia presidenta Susana Díaz ya ha pedido a Mariano Rajoy la colaboración de las administraciones para evitar la quiebra de la empresa y conseguir su viabilidad y el mantenimiento de los puestos de trabajo.

Régimen laboral en 'Palmatraz'

Abengoa era conocida también por su rígido sistema de trabajo que, según los trabajadores, en los últimos años fue degenerando hasta el punto de que abundaban las reprimendas por entrar minutos tarde pero no por calentar la silla una vez terminada la jornada oficial de trabajo (“estaba mal visto irse a su hora”), y que con guasa hizo que a la sede central, Palmas Altas, se la acabara denominando “Palmatraz”. Otros incluso hablan de un software para controlar el tiempo real de trabajo ante el ordenador y las llamadas de atención cuando se consideraba que aquel no era el adecuado.

De forma anónima, porque salvo en las empresas filiales en los servicios centrales el miedo a señalarse hizo que siquiera tuvieran representantes sindicales, los trabajadores relatan que los buenos sueldos y los servicios extras del “sueño Abengoa” habían ido disminuyendo tras la entrada de Felipe Benjumea, al que algunos definen como un obseso del trabajo empeñado en denostar el tópico regional de la pereza y muy alejado del estereotipo sevillano, dado que apenas se dejaba ver en actos sociales. 

Temas: Abengoa Empresas

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