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NEGOCIOS SOCIALES

Mediadoras SA

TARC se convierte en el primer centro privado de mediación que logra la homologación de la Generalitat

En el centro trabajan abogados, juristas, psicólogos y trabajadores sociales

ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

Estuvieron casados solo tres años. Pero cuando acudieron a pedir ayuda a TARC, aquella expareja llevaba ya cinco años embarcada en juicios por el divorcio, el reparto de bienes, la custodia de los hijos… Al final, agotados por el sinfín de procesos, decidieron probar la mediación. «El primer paso fue conseguir que, al menos, se saludaran», recuerdan Eva Susana Fernández y Natalia Ferré, las dos abogadas expertas en resolución de conflictos que, tras 10 años de experiencia y unos 2.000 casos gestionados, han logrado que su firma sea el primer centro privado de mediación homologado por la Conselleria de Justícia.

Ambas desmontan el tópico sobre la mediación. «La gente cree que mediar es poner a la gente a hablar y así se arregla el problema», comenta Fernández, pero se trata de «una actividad multidisciplinar en que intervienen el derecho, la psicología, la filosofía, las técnicas de negociación y hasta la lógica aristotélica». En el centro trabajan tres abogadas, una exjueza, dos psicólogas y un trabajador social.

La mediación se está consolidando como alternativa a los procesos judiciales. «Es más barata, es confidencial y tiene total validez legal», dice Ferré, y cada vez la recomiendan más jueces. «El marco jurídico aplica la normativa, que es muy rígida. Por eso a veces hay sentencias que, pese ajustarse a la legalidad, no solucionan los conflictos», comenta Fernández.

La empresa interviene en temas familiares, «desde divorcios a desavenencias por herencias», y empresariales, que suelen ser más fáciles, según Ferré: «Las partes son más pragmáticas, no existe el componente sentimental».

En el 80% de los casos en que las partes acuden a la mediación se llega a un acuerdo, «sobre todo en los casos en que hay una relación de futuro», dice Fernández, refiriéndose, por ejemplo, a parejas con un hijo en común. «Ellos pueden odiarse, pero ese hijo es un vínculo que no va a desaparecer». En la mediación se trabaja para rehumanizar al rival. «Se buscan salidas dignas, marcos de coexistencia. A veces, ese problema surge de la falta de comunicación o de una comunicación errónea», sostiene Fernández,

TARC facturó el año pasado 150.000 euros y tiene siete empleados. Además de conflictos particulares, lleva el servicio de mediación del Ayuntamiento de Montornés del Vallès y ha dado formación en mediación a casi 10.000 personas. Con la Universitat Rovira i Virgilia han puesto en marcha un posgrado en resolución de conflictos.También realizan talleres en escuelas e institutos con alumnos, profesores y padres. «Mostramos la importancia de mediar y, sobre todo, de ponerse en el lugar del otro».

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