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HISTORIAS MÍNIMAS - Publicado 17-10-2011

Pulsar la buena tecla

Mecanografía.com es un proyecto que enseña a usar un teclado a través de internet

MAX JIMÉNEZ BOTÍAS
BARCELONA

Tener una buena idea es conveniente para empreder un negocio. Pero saber cómo llevarla a cabo resulta incluso más oportuno. No digamos si el negocio que se quiere desarrollar utiliza como plataforma internet. ¿Cuántas buenas ideas han resultado baldías al someterse al implacable escrutinio de la red? Casi es preferible remozar una práctica antigua, casi olvidada o decadente, para que vista a través del ordenador parezca algo nuevo, útil y rentable. Pongamos por ejemplo, la mecanografía.

El proyecto es enseñar a utilizar correcta y velozmente el teclado del ordenador, como en las academias al uso se enseñaba a aporrear la Underwood o la Olivetti a más de 200 pulsaciones por minuto. El nombre de la iniciativa es Mecanografía.com. Y los padres son Ivo Oltmans, un economista holandés afincado en España desde hace siete años, y David Temes, programador barcelonés, que se conocieron en la multinacional de informática estadounidense Unisys. «Me fijé en que muchos de mis compañeros informáticos a la hora de teclear lo hacían con uno o dos dedos, lo que supone una gran perdida de productividad», cuenta Temes. Y recuerda que el 90% de lo que escribimos en la actualidad lo hacemos por medio del teclado de un ordenador.

Juntos maduraron un curso de mecanografía por internet, que inicialmente está pensado para escolares, pero no solo para ellos. «Si se engancha el niño, también es posible enganchar a otros miembros de la familia», plantea Oltmans. No obstante pensar en el niño como cliente potencial, puede abrir la puerta de los colegios.

Los inicios

Empezaron en enero del 2010 y el primer estadio fue crear una página web en la que explicar el concepto y en la que recogieron e-mails de personas que mostraron su interés en el curso. «Antes de invertir dinero queríamos estar seguros de que había interés. Todavía no existía. Y si no existe puede ser que se trate de una oportunidad tremenda o que alguien lo haya intentado antes y no lo haya conseguido por algún motivo concreto», cuenta Oltmans.En noviembre del año pasado ya disponían de la plataforma . Definieron el funcionamiento , el tipo de ejercicios, el seguimiento de los alumnos, y todo ello lo ajustaron a la animación y los juegos que encargaron fuera. El resultado fue un curso que utiliza la técnica del videojuego para aprender a teclear sin que parezca que se trata de un tarea escolar.

Casi un año después, cuentan con unos 7.500 usuarios, aunque solo un 10% son de pago. La mayor parte son personas que ha entrado para conocer de qué se trata. El curso consta de 30 lecciones. Las primeras tres son gratis. El usuario puede entrar y probarlas y si le gusta registrarse y continuar, previo pago. «Lo más importante es que el niño esté motivado para aprender mecanografía, no tiene que ser un castigo», defiende Temes.

La fase de desarrollo del producto y el lanzamiento fue el periodo más delicado. «Aunque hicimos la prueba, no sabes lo que va a pasar. Si después del esfuerzo tienes tres usuarios: tu madre, tu novia y un amigo que quiera alegrarte el día es un problema». Han invertido, hasta el momento, 50.000 euros de sus propios ahorros en el desarrollo del producto. Todavía no los han recuperado porque prácticamente todo el excedente que han registrado se ha reinvertido en el negocio.

Con ganas de expandirse

Están en plena fase de expansión geográfica. El curso está en Español, por lo que el mercado latinoamericano es una vía natural de crecimiento. Se plantean encontrar distribuidores para introducir el producto en las escuelas, aunque también directamente por medio de internet. «Como en cualquier start-up hay que probar un enfoque del negocio, pero si no funciona, hay que probar otro», defiende Oltmans.

Paralelamente, han lanzado el curso en inglés para el mercado anglófono. Han puesto en marcha una segunda web en inglés en la que han adaptado los contenidos y ha realizado marketing on line específico para ese mercado. Pero el paso definitivo hacia el desarrollo es que las escuelas españolas se fijen en el producto. «Esperamos cerrar pronto un par de acuerdos».

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