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LA TERCERA VÍA

Islandia, el referente del Movimiento 15-M

La revolución pacífica islandesa, por la que se han suspendido los pagos de la deuda internacional, sirve de modelo a los indignados de las acampadas

EDUARDO LÓPEZ ALONSO / Barcelona

Islandia. Ese es el modelo a seguir por los indignados de las democracias europeas y de la española en particular. Los participantes en las acampadas en las principales ciudades españolas enarbolan, en ocasiones no solo en sentido figurado, la bandera islandesa a la hora de reivindicar una renovación del sistema y el establecimiento nuevas escalas de valores a los partidos. Salvadas las distancias con la sociedad islandesa (solo 300.000 habitantes), lo cierto es que la que ha venido a llamarse revolución islandesa se adapta perfectamente al modelo de insumisión propuesto en el Movimiento del 15-M. Un país con una de las democracias más antiguas del mundo (del año 930) se ha opuesto formalmente a afrontar sus deudas internacionales anteponiendo los intereses de la población a los compromisos exteriores de sus bancos. Una tercera vía para afrontar la crisis financiera internacional que ningún otro Gobierno ha tenido el arrojo siquiera de plantear.

El país que ocupó el primer lugar en el informe de la ONU del Índice de Desarrollo Humano del 2007 fue capaz de hacer a base de caceroladas de hacer dimitir en bloque al Gobierno, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda contraída con Gran Bretaña y Holanda y se creó una asamblea popular para reescribir la Constitución y blindar los derechos civiles. Una revolución sin ruido de sables.

¿Puede ser la revolución islandesa una tercera vía para otros países europeos? El mismo gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, adivirtió hace pocos días: ''Nuestros pueblos no permitirían por segunda vez que los gobiernos movilicen el 27% del PIB de los pagadores de impuestos a ambos lados del Atlántico para evitar el colapso del sistema financiero''. Trichet miraba de reojo a Islandia y avanzaba sin saberlo las revueltas populares en Europa como la de la Puerta del Sol de Madrid.

Nacionalización

A finales del 2008, fue nacionalizado en Islandia el banco Landsbanki, una entidad hasta entonces puntera del país. Ante la alarma internacional, el Gobierno británico decidió congelar todos los activos de la filial de la entidad IceSave, con 300.000 clientes británicos y 910 millones de euros invertidos por administraciones locales y entidades públicas del Reino Unido. Otros bancos tuvieron que ser intervenidos ( Kaupthing, Glitnir), estos con intereses también en Holanda.

La economía islandesa, al margen de su potente industria pesquera, se había convertido en un enclave financiero de primer orden, un gigante con pies de barro y un endeudamiento externo desaforado. En ese 2008, la deuda bancaria de Islandia es varias veces superior a su PIB. El país de precios prohibitivos y moneda aristocrática, por su elevada cotización, descubre que su realidad es la de una isla del Atlántico norte y sus ciudadanos no deberían sentirse tan ricos. La moneda se desploma y la bolsa suspende su actividad tras un hundimiento del 76%. Un país en bancarrota.

Las protestas ciudadanas frente al parlamento en Reykjavik previas a unas elecciones tomaron protagonismo. La amenaza se convirtió en algo más, en la dimisión del primer ministro, el conservador Geir H. Haarden, y de todo su Gobierno en bloque, incapaz de tomar decisiones en contra del clamor popular. El 25 de abril se celebraron elecciones generales de las que salió elegido un Gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por la nueva primera ministra Jóhanna Sigurðardóttir.

Referendo

Tras un año de empeoramiento de la situación económica del país, en el 2009 la obligación de devolver la deuda externa del país se traduce en algo más que palabras. La factura a devolver a los bancos británicos y holandeses amenaza, según los ciudadanos, con condenar a una costosa hipoteca colectiva durante los 15 próximos años. Una media de 50.000 euros por familia. Las caceroladas se reproducen. La población se pregunta por qué el país debe asumir las deudas contraídas por una mala gestión de los bancos y solicita someter la devolución de esa deuda a referendo.

En enero del 2010 el presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se niega a tomar una decisión sobre el asunto y anuncia que convocará una consulta popular. El 93% de los votos se oponen al pago de la deuda internacional. Ante esta situación, el FMI decide congelar las ayudas económicas a Islandia. Paralelamente, la Justicia islandesa impulsa las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos.

Una nueva democracia 

Una asamblea popular redacta una nueva Constitución. Son 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado voluntarios. El Parlamento debe aprobar el texto. La Icelandic Modern Media Initiative diseña otro de los elementos para dibujar la nueva democracia de Islandia, un proyecto de ley para blindar la libertad de información y de expresión.

El objetivo es evitar la socialización de las pérdidas generadas por la crisis financiera internacional. Un primer paso conseguido, una tercera vía todavía en construcción.

Temas: Indignados

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