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Andrew Keen: "La civilización podría llegar a colapsarse"

El anticristo de Silicon Valley carga en su tercer libro, 'Internet no es la respuesta', contra las grandes empresas digitales, a las que considera culpables de los males de la sociedad

ÀLVAR MARGETS

Silicon Valley es la tierra prometida de la tecnología. Ahí se congregan las principales empresas que intentan hacer del mundo un espacio digitalizado, con más comodidades para todos. Sus profetas son jóvenes exitosos y millonarios que han aparcado las togas y visten con sudaderas y tejanos. Parece lógico que ante tal idílico panorama surjan detractores. Andrew Keen, periodista británico y emprendedor, es uno de ellos. Pero no uno cualquiera. Se hace llamar “el anticristo de Silicon Valley” (así se presentaba en su biografía de Twitter y en sus tarjetas personales). Un Lucifer exiliado del paraíso (dirigió una empresa que aunaba música e internet, pero fracasó) que ataca sin cesar a aquellos que lo desterraron. 'Internet no es la respuesta' (Catedral) es el tercer libro en el que critica la supuesta servidumbre hacia la que nos lleva la red de redes. 

En esta ocasión, Andrew Keen carga contra el modelo de negocio de las grandes compañías y contra sus –considera– poco realistas creencias acerca del bien que están haciendo en el mundo. Una de ellas es que las empresas gigantescas, como Amazon, construyen puestos de trabajo. Para el “anticristo de Silicon Valley” esto es mentira: estas compañías los destruyen. Por ejemplo, según cita en su libro, Google emplea a 46.000 personas y tiene una capitalización en bolsa de 355.000 millones de euros. Por otro lado, General Motors vale 49.000 millones y emplea a 200.000 trabajadores. Google es siete veces mayor que el gigante automovilístico, pero lo consigue con tan solo una cuarta parte del personal. Impecable desde el punto de vista empresarial, pero ¿sostenible para la sociedad? 

Hay más motivos de alarma, advierte. Según un estudio de los investigadores de la Universidad de Oxford Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, en 20 años el 47% de los trabajos americanos podrían perderse. “La cuestión es si habrá otros trabajos que sustituyan a los que desaparecen, esa es la verdadera incógnita”, se pregunta Keen. 

MODELOS DE NEGOCIO PROBLEMÁTICOS

El panorama no es para nada reconfortante. Ray Bradbury, George Orwell y Aldous Huxley crearon tres distopías para criticar el mundo resultante de las grandes guerras del siglo XX. Ahora Keen plantea otra: “La civilización podría llegar a colapsarse si nosotros lo permitimos, pero no es algo que sea inevitable”. Parece haber una solución, un modo de evitar que el progreso tecnológico acabe con nosotros. Y, por suerte, no involucra a Arnold Schwarzenegger con gafas de sol, chupa de cuero y alma metálica.

El principal problema de internet se encuentra en el modelo de negocio de las grandes empresas de Silicon Valley, afirma el periodista británico. Google Facebook, entre otras, se han hecho millonarias gracias a la publicidad, porque todo lo que ofrecen es gratuito. Internet no es la respuesta denuncia que, al no haber nada que vender, los usuarios se convierten en el producto. Ofrecen sus datos a las corporaciones que se publicitan en sus webs. Todos trabajamos gratis para estas compañías, que obtienen un mayor valor cuanto más las usamos.

"Silicon Valley ha de entender que es en realidad, política y culturalmente, el nuevo Wall Street, y que será visto como lo que va mal en América", afirma Keen

 “Estamos tan acostumbrados a esta economía en la que intercambiamos nuestros datos por productos gratuitos que a la mayoría no nos gusta pensar acerca de ello. Es como la película de Al GoreUna verdad incómoda, sentencia resignado el periodista británico. Como con el cambio climático, resulta más conveniente mirar para otro lado. Pero, desgraciadamente, apartar la vista no consigue que el problema desaparezca. 

LA DIFICULTAD DE CAMBIAR LOS HÁBITOS

Otra analogía que aparece en el manifiesto crítico: Silicon Valley se podría comparar con la industria automovilística americana de los años 50. Hasta ese momento, Estados Unidos dominaba el sector. Con la confianza –en ocasiones excesiva– que da el liderazgo, los fabricantes empezaron a hacer modelos de gran belleza pero inseguros y peligrosos. Ralph Nader, abogado y activista, denunció estas prácticas, y poco a poco los compradores empezaron a optar por vehículos alemanes, de líneas más sobrias y carrocerías más resistentes. “La gente se dará cuenta de que lo que hace en internet no es seguro”, afirma Keen, quien considera que las grandes corporaciones están actuando en contra de los intereses de todo el mundo. “Silicon Valley ha de entender que es en realidad, política y culturalmente, el nuevo Wall Street, y que será visto tanto por la derecha como por la izquierda como lo que va mal en América”.

 Pero conseguir que la gente cambie sus hábitos no es sencillo; normalmente es necesaria una terapia de choque, algo que consiga apartarles la mirada del monitor y les obligue a abrir los ojos ante la realidad. Y aquí no tenemos a un Morpheo que ofrezca una pastilla que nos fuerce a hacerlo. “Habrá un Chernóbil con los datos”, pronostica el autor. Una catástrofe masiva de filtración de información privada, comparable al accidente que tuvo en vilo al mundo en 1986 y lo concienció acerca de los riesgos de la energía nuclear. Este nuevo cataclismo, afirma el escritor, nos hará darnos cuenta de los riesgos de confiar ciegamente en compañías con intereses privados. “No celebro que haya una crisis de este calibre, pero estoy convencido de que sucederá”, lamenta Keen.

Internet nos hace "más y más narcisistas, una de las características más corrosivas de la naturaleza humana", lamenta el autor

MODIFICANDO LA ESPECIE

¿Y cómo afecta el uso de internet a la humanidad como especie? “Está aumentando nuestra capacidad de observar la realidad, pero por otra parte, nos está incapacitando para comprender asuntos más complicados”, detalla el periodista británico. Abarcamos más, pero peor. Pero aún hay más: “Somos más y más narcisistas, una de las características más corrosivas de la naturaleza humana”. Y las redes no han ayudado a fomentar la diversidad ideológica, añade. Al contrario. Nos rodeamos de gente que piensa como nosotros, y este espejo social nos confirma que nuestra manera  de ver el mundo es la correcta y facilita que nos creamos el centro del universo. “Paradójicamente, internet, la aldea global, nos ha hecho más locales”, remarca Keen. Ni en el mundo digital nos libramos de las contradicciones inherentes a la humanidad.

 Al mirarnos el ombligo, perdemos de vista nuestro alrededor. “La gente debería preguntarse por qué cada vez más periódicos desaparecen, por qué cada vez es más difícil ganarse la vida siendo escritor o cantante”, propone el periodista. La respuesta, subraya Keen, es clara: “La de internet es una economía en la que el ganador se lo lleva todo”. Por el camino quedan cadáveres de empresas, artistas que ven cómo sus ingresos disminuyen cada vez más. 

"Las grandes empresas mienten cuando dicen que tienen interés en mejorar el mundo. Su único interés es que ellas sean mejores"

A internet se le ha concedido un poder desmesurado, concluye. Durante la primavera árabe, había expertos que afirmaban que se trataba de una revolución nacida en internet, que las redes sociales habían actuado como crisol y la habían hecho posible. “La idea de que gracias a Twitter y Facebook se podría liberar estos países de un régimen autoritario era absurda y refleja la ingenuidad de occidente”, critica Keen. 

EL FUTURO ES DE PAGO

La retórica de Silicon Valley ha generalizado la creencia de que la única manera de progresar es esta. Para ellos, afirma el periodista británico, desde luego: “Las grandes empresas mienten cuando dicen que tienen interés en mejorar el mundo. Su único interés es que ellas sean mejores”.
A pesar de su descarnada crítica, Andrew Keen es relativamente optimista: “Creo que se puede arreglar el futuro. No hay una fórmula mágica, una clara estrategia. Es una combinación de factores”. Para empezar, afirma, es necesario que los gobiernos dejen de desentenderse de lo que sucede en la red: “El gran desafío es que la política funcione a la velocidad a la que se mueve internet, que trabaje suficientemente rápido para encontrar soluciones creativas y constructivas, no se trata de prohibir todo como hace Trump”. 

También es necesario encontrar nuevos modelos de negocio que eviten que el usuario se convierte en un producto envasado al vacío: “El futuro tienen que ser las paywalls (permitir el acceso solo a aquellos usuarios que tengan una subscripción). Pagar por contenido, por tecnología y productos es bueno para nosotros. Nos hace estar más informados acerca del mundo y mantiene nuestra privacidad”, sostiene el autor.
La solución recae, pues, en la unión entre legislación, política y colaboración ciudadana. Tenemos el tiempo, las herramientas y el camino a seguir para evitar una catástrofe comparable a 'Fahrenheit 451', '1984' y 'Un mundo feliz'. Y, si ni así lo conseguimos, siempre nos quedará Schwarzenegger y su famoso “sayonara, baby”. 

Internet no es la respuesta

El tercer libro de Andrew Keen es un manifiesto crítico (pero esperanzador) sobre cómo la red y las compañías digitales cambian la sociedad 

Temas: Internet

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