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Davinia Rodríguez, la nueva hija de Plácido Domingo

La soprano canaria se estrena en el Liceu con 'Simon Boccanegra', donde interpreta a Amelia, hija del corsario al que encarna el veterano tenor madrileño

Marta Cervera

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La soprano Davinia Rodríguez con Plácido Domingo y Arturo Chacón en I due Doscari, hace dos años en Viena. / VIENNAPRESS / ANDREAS TISCHLER

En la lírica, las carreras fulgurantes corren el riesgo de ser tan intensas como fugaces. Antes de brillar con luz propia, los cantantes deben prepararse a fondo, pulir su voz y adentrarse en el repertorio sin precipitarse. La pasión por el canto es tan importante como la paciencia y la perseverancia. El talento solo no basta para asentar una carrera sólida. Una voz bella no llegará a ningún sitio si no va acompañada de tesón. Por eso la soprano canaria Davinia Rodríguez (Las Palmas de Gran Canaria, 1980) lleva años preparándose, “haciendo un trabajo de hormiguita”, como a ella le gusta decir. 

El próximo sábado, 23, debuta en el Liceu en el papel de Amelia, en 'Simon Boccanegra', de Verdi. Y lo hará a lo grande, junto a un mito viviente de la música, el tenor y también barítono Plácido Domingo. Ella empieza en el templo barcelonés, mientras que él celebra el 50º aniversario de su primera aparición en el Gran Teatre.

"Uno siempre busca el reconocimiento de su gente. Quien diga lo contrario miente"

En escena, Rodríguez será su hija, un personaje lleno de dulzura que es clave en un drama que habla de política, amor y libertad. “Estoy muy emocionada. Con Plácido ya he trabajado varias veces y es magnífico. Cada vez que coincidimos es mágico”. 
Davinia Rodríguez, Ramón Vargas y Ferruccio Furlanetto, entre otros, acompañan en el reparto al polifacético intérprete en las únicas tres funciones que ofrecerá hasta el día 29. Todo un honor para esta soprano tras años esperando el momento adecuado para encarnar a las heroínas del repertorio que antes han cantado grandes voces como Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Maria Callas, Mirella Freni y Joan Sutherland.  

 “Llevo años preparando con calma mis próximos retos. Asumir un rol no es solo aprender una partitura y aplicar la técnica. Has de entender al personaje, meterte dentro de él, y para eso has de empaparte de la época. Has de estudiar mucho para poder convertirte en un personaje y dar lo mejor de ti”. 

La faceta de actriz le fascina tanto como la música. “He tenido la suerte de coincidir con directores de escena receptivos, que no imponían su visión. En mi caso, yo dejo de existir en escena. Me olvido de Davinia y me meto de lleno en el papel. No sé hacerlo de otro modo”, afirma. Entre los papeles que ha asumido hasta la fecha destacan el de Violeta en 'La traviata' y el de Lucrecia en 'I due Foscari'. El debut en este último título fue también junto a Plácido Domingo en Viena hace un par de años. “Fue una experiencia inolvidable. Algo increíble que viví como un sueño. Sentí una gran responsabilidad, pero Plácido transmite una fuerza enorme. Con él siempre aprendes”.

Debutar en casa

Cantar por primera vez en el Liceu supone otro paso importante. “Debutar en Barcelona es un gran reto. Como española que soy, cantar en tu tierra siempre es un poco más delicado. Uno siempre busca el reconocimiento de su gente. Quien diga lo contrario miente”, sentencia.

Rodríguez está disfrutando de un periodo verdiano. Su conexión con la música del compositor de Busseto es total. “Sus óperas van muy acordes con mi voz. Adoro a Verdi, siento que su música corre por mis venas. Pero también me gusta Puccini”, añade la soprano, que ha sido Liu en 'Turandot'.

Confiesa sin rubor que para ella es una ventaja contar con un marido como el director de orquesta italiano Riccardo Frizza, especialista tanto en Verdi como en 'bel canto', que el próximo mayo dirigirá en el Liceu 'Capuletos y Montescos', de Bellini. “Con Riccardo he aprendido mucho porque es un artista muy completo, con una perspectiva más amplia”. 

No siempre una mujer está en condiciones de tomarse con buen humor las críticas de su marido pero, en su caso, con el tiempo han llegado a un buen entendimiento. “Al principio fue complicado porque no me sentía muy segura, pero hemos hallado el equilibrio. Él conoce mi voz como nadie y me exige, es cierto, pero también me mima cuando me ayuda a estudiar. ¡No todas las cantantes tienen el privilegio de tener al maestro en casa!”. En su hogar, el trabajo en equipo funciona.

Destino y casualidad

Davinia Rodríguez no es la única cantante canaria de su generación que está haciendo una carrera internacional. Celso Albelo, Pancho Corujo y Jorge de León también destacan en la escena internacional cada vez con más fuerza. “En Canarias todos tenemos el referente de Alfredo Kraus”, señala la soprano en alusión al aclamado tenor de Las Palmas fallecido en 1999. Los padres de Davinia se acordaron de él cuando en el colegio los profesores detectaron las posibilidades de su preciosa voz y les recomendaron que estudiara canto. 

"Has de estudiar mucho para poder convertirte en un personaje y dar lo mejor de ti"

“En mi familia no hay músicos, pero, gracias a Dios, mi madre hizo caso de lo que le dijeron y me matriculó en solfeo. Después tomé clases de piano particulares y a los 16 años vieron que tenía devoción por el canto y me matricularon en el Conservatorio”. En su casa, donde se escuchaba sobre todo música popular y folclore, no tuvieron más remedio que acostumbrarse a otro tipo de melodías.

“El destino ha influido en mi vida. Todo me ha llegado un poquito por casualidad”, explica recordando como, tras dos años en el Conservartorio, tuvo la oportunidad de ir a Madrid a hacer unas pruebas para estudiar en el centro Reina Sofía. De los 90 candidatos de todo el mundo que se presentaron a las seis plazas disponibles, ella fue una de las elegidas. “Pasé de vivir en Moya, un pueblito del norte de Gran Canaria, a vivir en Madrid sola. Tenía a Teresa Berganza como maestra. Aquello era un sueño para mí, pese al sacrificio que representó dejar a la familia y a los amigos”, destaca, agradecida. 

Serenidad maternal

La soprano se siente muy afortunada también fuera de escena, tras haber formado su propia  familia junto a Frizza y la hija de ambos, Sofía. Aunque a los 10 días de dar luz ya estaba en Japón para atender una cita con un pianista, ella y la niña han desarrollado un vínculo muy especial. “Me la llevo a todas partes. Ya no me separo de ella. Le encanta venir al teatro conmigo. Ha crecido escuchando ópera. El otro día fui con ella a ver a su papá dirigir 'Lucía de Lammermoor'. ¡Para ella las óperas son como cuentos de Disney!”. Con cuatro años y medio, Sofía ya interpreta la Reina de la noche de Mozart. La pequeña promete. “Sofía es muy graciosa. A veces hasta me corrige. Estamos ensayando y me dice: ‘¡Mamá! En el libro no pone eso”, explica orgullosa.     

La maternidad ha sido positiva. Desde que Sofía la acompaña no se obsesiona tanto con  el miedo a coger un resfriado o a las corrientes de aire. “Evidentemente, siempre estoy atenta y me cuido al máximo, pero procuro relativizar. He aprendido a afrontar los pequeños sacrificios de esta profesión de forma tranquila y positiva. No hay que obsesionarse, pero sí tener cuidado. Procuro llevar una vida bastante sana, sin excesos de ningún tipo”. 

Su carrera ha atravesado diversas etapas. “Ahora, por fin, me siento libre al cantar. Después de quedarme embarazada no puedo decir que mi voz cambiara, pero se asentó. Antes, en los roles de soprano ligera no me sentía tan cómoda como ahora con papeles más dramáticos. No necesito hacer ningún esfuerzo para interpretarlos”. Por eso está ilusionada ante el nuevo giro. “No temo a la competencia ni pienso rendirme. Siento que estoy a punto de dar un gran salto, pero he de ser cauta. Por el momento, no puedo avanzar más sobre mis próximos retos”. 

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