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Esther se hace mayor

No tenía aún 16 años cuando desapareció de la vida de muchas niñas que esperaban ansiosas esos cómics que les abrían una ventana a la libertad. Hoy cumple 40 y se reencuentra, más que con sus lectoras, con sus amigas de toda la vida

IMMA MUÑOZ

La sensación que produce saber que Esther Lucas –el personaje de cómic que a principios de los 70 crearon Phillip Douglas Purita Campos y que inundó de libertad el imaginario de las lectoras de la España que salía del franquismo– ha vuelto a las librerías se resume en apenas un par de frases: "¿Qué tal? ¡Cuánto tiempo!". Dos frases, eso sí, pronunciadas con la entonación de las sorpresas agradables y el despertar de los recuerdos compartidos. Dos frases que dan pie a un café en el que descubrir que la jovencita pecosa que bebía los vientos por Juanito, en abierta competencia con su amiga Rita y su archienemiga Doreen, es ahora una mujer separada que divide sus zozobras entre su trabajo de enfermera en la planta de geriatría de un hospital londinense y la briega con una hija adolescente. Ha recuperado la amistad con Rita, de la que la distanció un malentendido durante dos décadas, y, contra pronóstico, se lleva de maravilla con Doreen, que, además, es su jefa. Y sigue tartamudeando cuando ve a Juanito. A pesar de estar a punto de cumplir los 40. Sí: 40 años tiene ya Esther. Y lo celebra con un libro. Un libro que es ese café.

"La analogía me la hizo una amiga, y me parece la definición perfecta de lo que es 'Esther cumple cuarenta': tomarte un café con un viejo amigo y que te cuente su vida", asiente Carlos Portela (Vigo, 1967), autor de esta novela con la que la editorial Espasa celebra las cuatro décadas que en el 2014 hizo de la primera aparición de Esther en España. Han leído bien: novela. El tándem Carlos Portela-Purita Campos debuta en un género que es tan nuevo para ambos como para la inglesita de las coletas. Como en los álbumes de 'Las nuevas aventuras de Esther', con los que ambos empezaron a colaborar en el 2006 y donde Esther apareció por primera vez como adulta, Portela asume el guion y Purita Campos, las ilustraciones, que son muchas y fieles al recuerdo de las lectoras más incondicionales.

Estreno en la novela

"Es la primera vez que escribo una novela, y nunca me había planteado hacerlo –explica Portela–. Yo siempre he sido guionista, de cómic o de televisión [en la actualidad lo es de la serie 'Padre Casares', que lleva 12 temporadas en la Televisión de Galicia, y de 'Velvet', que triunfa en Antena 3], o sea, que siempre he trabajado con imágenes, ya sean en movimiento o estáticas. Por eso, cuando me plantearon escribir este libro me asusté bastante. Bueno, tanto como cuando hice el primero de los álbumes de 'Las nuevas aventuras de Esther', porque significaba trabajar con uno de los personajes importantes del cómic español, y yo, como lector compulsivo de cómics que soy desde la infancia, sé cuánto te enfadas si juegan con tus recuerdos y te los estropean. Pero parece que a las fans, por la respuesta que hemos obtenido en las redes sociales, les ha gustado".

Normal, teniendo en cuenta que Purita Campos, la madre de la criatura, se ha implicado tanto en la novela como hace con los álbumes. "Para mí no tiene sentido hacer nada de Esther si no es con Pura –dice Portela–. Todo cuanto yo hago tiene que estar consensuado con ella. Yo le propongo la trama que se me ha ocurrido y le mando una escaleta. Si a ella le parece bien, seguimos adelante. Y una vez le entrego el guion, siempre me muero de ganas de ver cómo lo ha ilustrado ella: su trabajo mejora enormemente el mío".

Portela, que es el subdirector del Salón del Cómic de A Coruña, conoce perfectamente la trayectoria de Esther desde que fue creada, en 1971, para una revista inglesa. Entonces se llamaba Patty, un nombre que los responsables de Bruguera cambiaron por el de Esther cuando decidieron incluir sus historias en uno de sus tebeos para chicas, 'Lily', en 1974. El guionista la había leído en los veranos que pasaba en el pueblo de su padre, una vez devorado hasta el último cómic para chicos de la biblioteca municipal. "Cogí los álbumes de Esther porque no había otra cosa, pero para mí, acostumbrado a las aventuras y los superhéroes, fue un shock descubrir en ellos que los cómics también podían hablar de la vida cotidiana", dice Portela.

Conexión anglocatalana

Purita Campos recuerda cómo llegó el personaje hasta ella. "Al terminar los estudios de Bellas Artes, entré a trabajar en Bruguera, donde hacía portadas y pequeñas ilustraciones. El representante que tenía la editorial en Inglaterra pidió un día muestras de un dibujo juvenil femenino para abrir mercado allí, y me invitaron a participar en la selección. Yo dije que no estaba preparada, pero aun así insistieron en que lo intentara. Repetí y repetí el dibujo hasta que me pareció que quedaba bien y, para mi sorpresa, lo eligieron".

Empezó así una colaboración de 17 años con el guionista inglés Phillip Douglas y una inmersión en la cotidianidad de los jóvenes ingleses que implicaba viajar a Londres "dos o tres veces al año" para empaparse de sus imágenes y que no se notara que los álbumes no estaban ilustrados allí, sino en Barcelona, donde había nacido Purita Campos en 1937 y donde siempre ha vivido.

"Me entendía muy bien con Phillip y ahora me entiendo muy bien con Carlos –destaca la ilustradora–. Ha sabido llevar a Esther a la madurez, hacerla evolucionar, sin que pierda su esencia". En las casi dos décadas en las que el personaje fue resultado del tándem angloespañol, Esther permaneció anclada en la adolescencia: empezó a un mes de cumplir los 13 años y cuando dejó de salir en España, en 1986, aún no tenía los 16. Cuando Portela tomó las riendas de los guiones, en el 2006, la hizo crecer de golpe los 20 años que llevaba retirada del mundo. "No tenía sentido plantear una Esther de 18 años. Preferíamos que siguiera hablando de tú a tú con sus lectoras, así que la situamos en la treintena larga y con las circunstancias de cualquier mujer de hoy", explica el guionista gallego.

'Las nuevas aventuras de Esther' están formadas por seis álbumes, tres de los cuales ya han sido publicados por Glénat. El cierre de esta editorial ha dejado en el limbo los otros tres, los que tienen que poner el punto final, esta vez sí, a la historia. "Pero saldrán –dice Purita–, de una forma u otra, saldrán. Yo me estoy esforzando". El lumbago no la deja dibujar mucho estos días, pero en cuanto se recupere, asegura con una vitalidad que le quita la mitad de los 77 años que ya suma, seguirá trabajando. "Siempre lo haré. Con Esther o con lo que sea", concluye.

La novela que conmemora sus 40 años encaja perfectamente en la trama de esos seis álbumes. "Se sitúa entre el cuarto y el quinto –cuenta Portela–, y se dirige tanto a los que son seguidores del personaje como a quienes no saben nada de él. Se asoma a una semana de su vida, y las tramas, aunque se pueden dar por concluidas al llegar al final del libro, continúan en los álbumes. Es en ellos, creo yo, donde debe resolverse definitivamente la historia: porque Esther es un cómic y porque se lo debemos a quienes se han leído las más de 3.000 páginas gráficas del personaje".

Reedición de las primeras historias

Tal vez muchos de estos lectores fieles conserven las primeras historias de Esther, las que se publicaron primero en Lily, luego en su propia revista y, más tarde, en los libros recopilatorios de Bruguera. Pero quienes las hayan perdido y las quieran ahora recuperar van a poder hacerlo: Ediciones B está reeditando aquellos míticos álbumes. Por el momento ha publicado los cinco primeros de un total de 25.

¿A qué se debe esta recuperación del personaje? ¿Forma parte de la fiebre nostálgica que se traduce en el éxito de libros como 'Yo fui a EGB'? ¿Tanto nos marcaron los 80, que Esther reivindica en la novela? "Yo creo que fue una década muy divertida. Es cierto que en política nos dio personajes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, pero también que fue una época de explosión. Al menos en España. Además, hay otro factor a tener en cuenta: la nuestra, la que vivió intensamente los 80, es la última generación que tiene que recordar. Yo se lo digo a mi hija, de 12 años: 'Todo lo que tú ves ahora lo vas a tener en YouTube o en otras plataformas. Nosotros tenemos que rememorar lo que nos gustaba en la infancia, porque hay muchas cosas que ya no existen: o las recordamos o se las llevará para siempre el viento", concluye Portela.

Los años que han pasado nos permiten confesarle algo a la antigua amiga que nos hemos encontrado por sorpresa en la librería: de niñas queríamos ser ella. "Ahí radicaba el secreto de su éxito –confirma Purita Campos–. Esther hacía lo que las niñas ansiaban: entrar y salir a su aire, conocer chicos... Algo impensable para sus lectoras". Acabado el café, nos damos cuenta de que ahora la queremos por otra cosa: es ella la que se ha convertido en nosotras.

ADELANTADA A SU TIEMPO

"Antes se decía que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Yo puedo decir que detrás de una gran mujer hay un tío con barba". Así se refiere Carlos Portela al talento de Purita Campos y a lo gratificante que es trabajar con ella. "No tiene miedo al riesgo. Acepta lo que le propongas", añade. Y ya era así en los 70: leyendo su Esther parece imposible que, en 1975, las casadas españolas acabaran de lograr el derecho a abrir una cuenta corriente sin permiso de sus maridos. Esther ofrecía un mundo de libertad a unas chicas que a duras penas empezaban a sacudirse el yugo del nacionalcatolicismo. Y de glamur: la madre de Purita Campos tenía un taller de costura, y ella convirtió a las chicas del cómic en sus figurines. Diseñó trajes para ellas que llegó a confeccionar y vender en las tiendas más 'in' del momento.

En 'Las nuevas aventuras' y en 'Esther cumple cuarenta', es Portela el que se convierte en la voz de las mujeres que no quieren ceñirse a los roles que se les han marcado. "Quería mostrar que pueden ser felices sin pareja, que hay muchas maneras de vivir las relaciones". Sus mujeres están más cerca de Caitlin Moran que de Corín Tellado. "Escribiendo a Esther he tenido que vencer muchos prejuicios. Hay quien me ha dicho: 'Tú eres un tío, ¿cómo demonios escribes eso?'. Yo les respondo: '¿Has leído Madame Bovary? ¿Quién te crees que la ha escrito?". Como dice Purita Campos, "un tío con barba y con la cabeza muy bien puesta".

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