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El club de las cinco

Carlos Naval, José Antonio Ibarz y José Muñoz son los únicos integrantes del vestuario que siguen en su puesto desde 1992

Joan Domènech

Naval, Ibarz y Muñoz (de izquierda a derecha), en la ciudad deportiva.

Naval, Ibarz y Muñoz (de izquierda a derecha), en la ciudad deportiva. / JORDI COTRINA

Veinticinco años después siguen en el mismo sitio. Al pie del cañón. En el vestuario del Barça. Resistiendo al paso del tiempo y a las inclemencias de la vida, seguramente a las veleidades de un club que finalmente ha madurado. Son tres personas fieles y discretas, virtudes tan valiosas como la profesionalidad exigida de sus respectivas funciones, distintas todas. Componen el exclusivo (y simbólico) club de las cincoSolo ellos han disfrutado de las cinco Copas de Europa. Por un día, salen en la foto.

José Muñoz (55 años) es el menos conocido. Es la llave de la entrada del vestuario. El guardián de la puerta, que no el segurata. Desde 1984 está en el Barça. Primero en las instalaciones de Fabra i Coats, luego al frente de la megafonía de la Pista de Gel y diez meses más tarde, en la antesala del vestuario, con una mesa y una silla por mobiliario. Y un valioso teléfono al que llegaban las llamadas para jugadores y técnicos. «¿Sí?», decía, y dice, bajito, José, antes de pasarla por línea interna al vestuario.

Ahora ya no está rodeado de periodistas, que aguardaban con él la salida de los jugadores, sino de cajas, recados y paquetes que se agolpan a su alrededor en Sant Joan Despí. José Muñoz solo se ha perdido dos finales: las de la Recopa de Rotterdam (1991) y la de Atenas (1994).

José Muñoz

Conserje

"Fui con el autocar de los empleados. Tardamos 24 horas. Al volver a Barcelona, ya había acabado la fiesta y todo"

«Fui a Wembley en el autocar de los empleados. Tardamos 24 horas. Al regresar a Barcelona ya había acabado la fiesta y todo». Días más tarde, organizó una comida con las señoras de la limpieza y los jardineros en el vestuario visitante del Camp Nou. Pese a ser miembro del equipo -su horario laboral se rige por el de los entrenamientos del primer equipo-, las finales las vive en la grada.

DE LA GRADA AL CAMPO

En la grada de Wembley se sentó José Antonio Ibarz (57) con todo el personal del vestuario que no formaba parte del grupo oficial, entre ellos los futbolistas no convocados. «Ocho o nueve veces dejé el asiento, estaba muy nervioso», recuerda. «Había estado en Sevilla y aquella final nos dejó muy tocados». Ibarz fue el único testigo de la huida de Schuster del estadio (y de Sevilla) antes de consumarse la derrota con el Steaua.

La última vez que se levantó fue la definitiva. «Faltaba algo más de diez minutos para el final y nos llamaron para que fuéramos hacia los banquillos. Salíamos por el túnel cuando se produjo la falta. Vi el gol desde detrás de la portería». Nada más terminar el partido, echó una mano a Josep Maria Corbella, su compañero desde 1983, para ir a buscar las camisetas azulgranas y repartirlas.

José Antonio Ibarz

UTILERO

"Estaba muy nervioso. Habí estado en Sevilla y aquella final nos dejó muy tocados"

EL VUELO SE ADELANTA

Fue la primera sofistificación logística -lucir el uniforme oficial en la recepción del trofeo- que anunciaba las complicaciones posteriores. Cinco Copas de Europa después, Ibarz -Tahamata para los amigos por su parecido a un futbolista holandés- lidia con tres uniformes oficiales (duplicados, para la Liga y la Champions), la ropa de calentamiento, la de paseo, la 'camiseta del minuto' (la chaqueta con que salen al césped), los gps, los calzoncillos de uno, los calcetines de otro...

De todo lo demás se encarga Carlos Naval, 61 años, 30 de ellos como delegado del primer equipo. Estar en la primera línea le llevó a ser quien custodiara la copa en Londres -«la subí a mi habitación, la gente se iba de la fiesta y ahí se quedaba», como retrató una foto de EL PERIÓDICO- y comprobar la persuasión de Cruyff con el jefe de la torre de control del aeropuerto de Luton. El despegue estaba demorado tres horas y Johan lo acortó a solo 30 minutos.

Carlos Naval

DELEGADO

"Subí la copa a mi habitación en Londres, la gente se iba de la fiesta y ahí se quedaba"

«El ambiente mejoró tras la Copa de Europa y aquella Liga, la gente se entusiasmó con aquel equipo», explica Naval. «En Wembley no estaba nervioso, lo estuve más en París», reconoce, con el marcador adverso tras el gol de Campbell. El empate de Etoo lo vio en una tele, mientras volvía al campo tras el sorteo del control antidopaje. No se ha perdido ningún gol más. Ni ninguna final europea más. Tampoco Muñoz ni Ibarz, el futuro club de las seis... 

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