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MIRADOR

Un equipo sin cultura

David Torras

Casi 500 millones de euros después, el Madrid sigue donde estaba hace tres años cuando se inició la era Guardiola, obsesionado en encontrar el antídoto que acabe con ese fantasma azulgrana que no le deja vivir. Con una solitaria Copa del Rey en medio de la abrumadora hegemonía del Barça (10 títulos), el Madrid ya nunca será lo que era. Es probable que algún día vuelva a ser el mejor (o no), pero hay derrotas que duran para siempre. El gran valor del Bar-

ça va mucho más allá del juego. Su gran victoria es la del pensamiento, es haber conseguido que el mundo le vea más como una cultura que como un equipo. Y, por contraposición, el Madrid de la última época es la anticultura, una manera de hacer vacía de ideales que no deja huella.

Lo peor del Madrid no es el dinero malgastado; lo peor es haber echado a perder principios y valores de toda la vida que parecen irrecuperables mientras se mantenga el tándem Florentino- Mourinho. Han ido tan lejos en su obsesión de destrozar al Barça, han actuado tan fuera de la ley, por lo civil y por lo criminal, ayudados por una buena cuadrilla de cómplices, que ya no hay marcha atrás. Ahora, menos que nunca.

Florentino ha dejado solo a Mou en el puente de mando para que gobierne el barco como le dé la gana. Valdano se tiró por la borda, tarde pero con un buen salvavidas, y ahora el club queda en manos del entrenador, que no está para nadie más que para sí mismo. Pero, por más que vuelva a ganar, Mourinho tampoco volverá ser el que era. Lo proclamaba ayer Menotti en una brillante entrevista de Luis Martín en El País: «El Barcelona mató a Mourinho para toda la vida», reflexionaba a propósito del 5-0. Después de aquello, «se recontracagó», decía en alusión a la actitud aún más defensiva que adoptó, «en el mayor acto de cobardía que jamás había visto en un grande». La cuestión es que, desde que lo mataron, Mourinho solo vive para tomarse la justicia por su mano. Sin más ley que la suya. Sin ley, vamos.

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