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Ciencia

El cambio climático obligará a modificar la gestión de los bosques

Un estudio ha analizado cómo evolucionará la superficie de pino albar en Catalunya

Muchos rodales solo sobrevivirán si en ellos se talan entre el 20% y el 40% de los árboles

Antonio Madridejos

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Un bosque muy denso de pino albar en el Pallars Sobirà, con algunos ejemplares caídos. / GESTIÓ FORESTAL SOSTENIBLE CTFC

Los bosques ibéricos necesitarán un cambio de gestión, fundamentalmente reducir el número de árboles por hectárea mediante claras, si quieren adaptarse a las nuevas condiciones de lluvia y calor derivadas del cambio climático. De lo contrario, corren el riesgo de desaparecer y ser sustituidos por otras especies más resistentes. Y posiblemente menos atractivas desde un punto de vista forestal. Donde ahora crecen pinos albares, por ejemplo, en un futuro podría haber encinas o pinos carrascos.

Esta es una de las conclusiones de un estudio desarrollado en el Centre Tecnològic Forestal de Catalunya (CTFC), en Solsona, que ha cuantificado a largo plazo el crecimiento y el estrés por sequía de los bosques en función de la gestión que se realice en ellos. El objetivo es poder personalizar la gestión con el fin de adaptarlos a las nuevas condiciones climáticas.

En función de la lluvia y el calor

Las previsiones climáticas para la cuenca mediterránea pronostican para las próximas décadas una reducción de la pluviometría y un aumento notable de las temperaturas, lo que tendrá un efecto directo sobre la disponibilidad de agua. Ello pondrá en peligro a diversas especies de interés comercial que ya se encuentran en el límite de su distribución óptima. 

La principal alternativa para mantener los bosques será practicar claras, actuaciones consistentes en retirar los árboles más pequeños para que el resto pueda crecer mejor sin competir por los recursos. "Las claras se han hecho desde antiguo para mejorar la calidad de la madera y el estado sanitario del bosque", resume el primer firmante del estudio, Aitor Ameztegui, investigador del CTFC y del CREAF. Además, si no se hicieran, muchos árboles morirían por la sequía.

Aitor Ameztegui, del CTFC y el CREAF, durante un análisis forestal / JAVIER DE DIOS (ctfc)

En algunos casos habría que talar entre el 20% y el 40% de los árboles. En un rodal donde crecen un millar de pinos por hectárea, eso puede significar pasar a 600. El problema, prosigue Ameztegui, es que si se retiran muchos árboles para facilitar el crecimiento de los restantes se corre el riesgo de que el bosque deje de ser rentable. "Se trata de encontrar el equilibrio", añade.

Los investigadores del CTFC han analizado las perspectivas del pino albar, una especie de amplia distribución en Catalunya y gran interés comercial, pero consideran que los modelos de cálculo desarrollados servirían para cualquier especie forestal. El estudio se ha publicado en la revista 'Ecological Modelling'.

La investigación tiene en cuenta diferentes posibilidades en función de diversas predicciones climáticas y de la localización de los bosques. Concretamente, el trabajo analiza tres áreas representativas de pino albar: el Pirineo como zona húmeda, las montañas de Prades como zona seca y el Prepirineo como zona intermedia.

Según los resultados, practicar claras de intensidad moderada en las zonas que ya son húmedas "podría mejorar la productividad sin afectar a la disponibilidad de agua", dice el autor. En la zonas secas, en cambio, sería necesario talar tantos árboles que comprometería una buena producción de madera. "En Prades o Els Ports, si quisieras reducir los daños por sequía deberías quitar tantos árboles que ya no saldría rentable -prosigue Ameztegui-. Igual deberíamos plantearnos otra especie".

De Siberia a Sierra Nevada

El pino albar ('Pinus sylvestris') es una especie muy habitual en Eurasia –se extiende desde Siberia hasta Sierra Nevada, Turquía o Escocia- y que soporta un gradiente de temperaturas y lluvia muy notable. En Catalunya está presente en zonas con una temperatura media anual comprendida entre 12,5 y 8,7 grados y con precipitaciones de entre 564 y 828 litros por metro cuadrado. Sin embargo, si el cambio climático modifica las condiciones (por ejemplo, las lluvias en algunas zonas se quedan en 500 litros), los bosques dejarán de estar en su rango ideal de crecimiento.


«Cuando están en el límite, los bosques empiezan a morir y dejan un hueco que puede propiciar la colonización de especies más secas. El problema es que el pino albar, que ocupa el 17% del área forestal de Catalunya, aporta más del 25% de la madera obtenida anualmente.

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