Colaboro con l'Associació Catalana de Solidaritat amb Nicaragua i Centreamèrica de Nou Barris, que lleva veinte años financiando proyectos y ayudando a sus amigos y hermanados del barrio Boris Vega de Estelí, Nicaragua. Decidimos celebrar el aniversario e invitamos a Ana, una joven colaboradora nicaragüense que lleva el 'cíber' e imparte clases de informática a los jóvenes de allá. Nunca pensamos que por proceder de un país pobre fuera una delincuente, pero así la han tratado. Con sacrificio pagamos su billete de ida y vuelta, más un documento notarial apostillado por el Colegio de Notarios de Barcelona, necesario según la Policía, por el que nos comprometíamos a proporcionarle manutención, alojamiento y atención sanitaria llegado el caso. Al ir a recogerla al aeropuerto de El Prat, Ana nos llamó para decirnos que la tenían retenida en Barajas. Hablamos con la Policía de Barcelona y la de Madrid y con personas de inmigración del Ayuntamiento de Barcelona. Todos mediaban e intentaban conseguir que la dejaran entrar para participar en las actividades de la celebración: reuniones, entrevistas y charlas con entidades de nuestro distrito y de otros. De nada sirvió: la policía la hizo volver a Nicaragua. El gasto económico es lo de menos; lo peor ha sido la vergüenza y la humillación que ha sufrido nuestra invitada.