He nacido en una comarca ganadera. He estado en muchos mercados donde se discutía el precio del ganado y del cereal para fabricar pienso. El otro día desayuné con ganaderos de toda la vida. Hacía tiempo que no vivía esta experiencia. Algunos han abandonado, como yo mismo, y otros, a pesar de las dificultades, han continuado. Es curioso, porque siempre te dicen que han perdido mucho dinero, pero cuando les preguntas que por qué siguen te responden que para ellos su vida es criar ganado. Admiro esta fe que tienen en ellos mismos. Han perdido miles de euros y continúan luchando. Esperan que un día les vaya mejor, y están lejos de abandonar su lucha. Recibí una lección de pundonor en unos tiempos en que casi todos nos quejamos y miramos el futuro con demasiado desánimo.