14 de febrero, 6.27 horas. Voy en dirección a Blanes en un tren de la R1 al que he subido en la estación del Clot. A la altura de Premià de Mar, el interventor me pide el billete y le enseño mi T-10 de cinco zonas. Ante mi sorpresa, me indica que no está validado. En su lugar he marcado con otra T-10, de una zona, que utilizo para mis desplazamientos por la ciudad. Me solicita 25 euros en metálico y, como no dispongo de ellos, me sanciona en vez de cobrarme las zonas que me faltan. Hace caso omiso de mis quejas, lo que causa mi enojo. Tras recibir la sanción, la rompo delante de él y entonces decide, a mi entender con abuso de autoridad, hacerme bajar en Mataró, a lo que me opongo. Acuden hasta siete miembros del personal de seguridad, y, ante mi negativa, me levantan de mi asiento con violencia.Yo me agarro como puedo pero me tiran al andén, lo que me causa magulladuras y contusiones en todo el cuerpo. Me parece humillante, indignante y desproporcionado, cómo Renfe y Rodalies tratan a sus usuarios despues de todos los percances que tenemos que sufrir a diario.