El trabajo, la obligación o la devoción de ama de casa, enmascarado con el de trabajadora del hogar sin cobrar. Así ha sido a lo largo de muchas épocas para las mujeres. Dicho así, todavía puede ser un insulto o un egoísmo por parte de la mujer, pero no, es una verdad como un templo; aunque estamos mentalizadas, existe una tradición muy arraigada de que somos las responsables del trabajo del hogar. Nos sentimos culpables si no podemos llegar a todo, y más si trabajamos fuera. A veces se ha dicho que el ama de casa tenía que cobrar un jornal o una jubilación, pero la opinión de los hombres es que sería un disparate. ¿Por qué cargar al gobierno con gastos innecesarios? Si los beneficios del trabajo de estas mujeres los recibe la familia, que ella sea la quien les pague. Bueno, se acabó el debate y la discusión, no hay más y el silencio continúa. Hace poco, hablé por teléfono con una prima de Aragón, le expliqué mis actividades literarias, y me preguntó que cómo tenía la casa. Le respondí que muy bien, aunque no era solo responsabilidad mía. No sé si las trabajadoras del hogar sin cobrar son más abundantes en un lugar a otro de la geografía de Catalunya o del resto de España. No es cuestión de que vayamos a los problemas de la mujer de siempre, es un apartado que se tiene que tratar con la educación y la serenidad que se merece. Con estas trabajadoras del hogar sin cobrar, la sociedad y la familia se lucran, se sirven de la esclavitud de las mujeres, que son estafadas, una vez más o como siempre.