A raíz de los comentarios surgidos sobre los recortes en cooperación o la rocambolesca historia de la repatriación de cooperantes de los campamentos saharauis, es necesario recordar un concepto que parecía haber quedado claro: la cooperación dista mucho de irse de vacaciones. Trabajar por los derechos humanos, la paz o el desarrollo no es un capricho extravagante ni una opción más en el catálogo de ninguna agencia de viajes, sino la vía que la sociedad civil ha tomado para construir una sociedad internacional más justa. Y se ha convertido en una política pública asumida por la Administración porque la gente de la calle lo ha exigido durante los últimos 20 años, demostrando día a día que es más eficaz construir derechos y ciudadanía o estrechar lazos entre pueblos que edificar alianzas militares y tratados comerciales. Esta es nuestra diplomacia, la de dar la mano a la gente y trabajar juntos. Dejar de cooperar no es una opción, ya que todas las políticas sociales son necesarias. Iremos a los campamentos las veces que sean necesarias.