Acostumbro a leer los extensos artículos de Xavier Bru de Sala. En el del 17 de agosto, creo que exageró un tanto al decir que en 1992 Barcelona se situó en el mapa. Cada vez que ocurre un acontecimiento que tiene lugar en Barcelona parece que hemos de partir de cero. Sucedió en 1888 con la Exposición Internacional y se repitió en 1929 con la segunda exposición. En 1952 se celebró el 35 Congreso Eucarístico Internacional en la ciudad condal, y se volvió a situar a Barcelona en el mapa, aunque en esta ocasión con bastante razón. Nos guste o no, el congreso del año 1952, con la afluencia de visitantes extranjeros, representó la puerta de entrada, es decir, el inicio: el principio, no solo para Catalunya, sino para España en general del llamado turismo de masas. Tres años más tarde, en 1955, tuvieron lugar los II Juegos del Mediterráneo. Jamás se ha vuelto a hablar de ellos, solo ha quedado el nombre de una pequeña calleja situada junto al Palau Municipal d'Esports. Claro, que como todo ello tuvo lugar durante el franquismo, quizá por eso se pasa por alto. Soy historiador, no político ni periodista que pueda estar condicionado. Si bien de los primeros no espero nada positivo en cuanto a recordatorios históricos, los segundos tienen la oportunidad, a través de los medios de comunicación, de no ser tan olvidadizos y refrescar la memoria al personal recordando la historia, nuestra historia. La pregunta es: ¿qué acontecimiento nos depara el futuro para volver a situar a Barcelona en el mapa?