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Como madre de dos hijos que se dedican a la enseñanza (en el sector público y en la privada concertada), quiero expresar mi más absoluta indignación por los recortes que se están llevando a cabo, sobre todo en la educación. Estoy indignada como madre, como trabajadora del sector y como ciudadana al ver que el esfuerzo, el entusiasmo, la profesionalidad, la vocación y la dignidad de mis hijos, no solo no se ven reconocidos ni recompensados, sino que son pisoteados y despreciados, tanto desde el Gobierno central, como desde el autonómico. Estas medidas que están tomando no solo no nos ayudarán a salir de la crisis, sino que dan a entender que les importa muy poco la educación de este país y destruyen la ilusión y el entusiasmo de miles de personas. Señor Wert y señora Rigau, dense una vuelta por los colegios, hablen con los maestros y los padres, salgan de su cascarón blindado, politizado e idealizado y comprenderán que el valor profesional, la actitud positiva y la motivación de este colectivo, son la mejor baza para que la calidad de la enseñanza no disminuya. Como parte del personal de administración y servicios (PAS) de este sector desde hace más de 30 años, he conocido muchas reformas en educación, pero jamás había visto a los maestros y profesores tan desilusionados, tan desmotivados y tan angustiados con su futuro. Aun así, de mi casa salimos todos cada día con una sonrisa en la cara, la motivación predispuesta y pensando que los alumnos no tienen la culpa de lo que ustedes están provocando.