Si el tsunami del 2004 ya estremeció al mundo entero por su brutalidad, la película de Bayona no se queda atrás. Fui a verla con mis hijas gemelas de 10 años y unas amiguitas mellizas de la misma edad. Hasta ahora jamás habían llorado con una película y lo hicieron cuando casi al final la familia se reúne de nuevo. La sensación al verla es la de estar viviendo de nuevo la catástrofe, pero desde dentro. Cada detalle, cuidado minuciosamente, hace que te sientas parte de ese sufrimiento. Una familia entre miles a la que, como dice María Belón, no le pasó nada comparado con lo que había alrededor. Es una historia con final feliz pero que transmite sufrimiento, angustia, soledad, tristeza, amor y dolor. Habla del coraje desorbitado de una madre medio moribunda en medio del terror. Para mí es, sin duda, la mejor película que he visto en mucho tiempo. Espero que le den el Oscar.
Si quiere debatir sobre este tema, escríbanos a cartalector@elperiodico.com