Nuestros queridos mandatarios, que se supone que quieren el bien para todo el país, están llevando al Estado del Bienestar hacia un precipicio sin red para encontrar una salida utópica a una crisis sin un horizonte claro. Mientras parece que disfrutan reduciendo considerablemente el presupuesto de la sanidad y la enseñanza públicas, recortando las pensiones y aumentando los impuestos, nadie ha hecho público todavía el coste del desproporcionado despliegue policial en toda la ciudad de Barcelona durante la cumbre del Banco Central Europeo: un total de 8.000 agentes. ¿De verdad es necesario colocar francotiradores en lo alto del hotel Arts? ¿Es necesario que los ciudadanos tengamos la sensación de vivir en una ciudad a punto de sufrir un ataque terrorista nunca visto? Pero lo que más me duele y me indigna de todo es que todas estas medidas de seguridad, pagadas con dinero salido del bolsillo de los ciudadanos, son para proteger a un grupo de banqueros, los poderosos, los que más tienen, aquellos que defienden una economía que solo enriquece a los ricos y empobrece a los pobres. Un grupo de banqueros que viven a una distancia kilométrica de la realidad cotidiana de muchas familias, ahogadas por una economía injusta. La policía protege al poder, el 1%, por órdenes del Gobierno. ¿Cómo se entiende? ¿La policía no había nacido para proteger al pueblo, al 99%?