Es de necios engañarse con falsas posibilidades a largo plazo y de inteligentes avanzar con lo que se tiene. En España la economía no avanza, la profunda y aguda crisis se está eternizando como el nivel de desempleo, que no acaba de disminuir. Sin embargo, absurdamente contamos con numerosos recursos para crear puestos de trabajo y avanzar económicamente. Lamentablemente, las intransigencias impositivas gubernamentales no permiten un desarrollo que alcance unos niveles elementales. No habría que hacer comparaciones con el entorno europeo, pero sería interesante observar, para intentar mejorar, a nuestros vecinos del antiguo telón de acero y darnos cuenta de los avances que ha hecho una nación con una extensión similar a la de España, aunque con un clima muy frío y unas condiciones de vida mucho más ingratas: Polonia. Gracias a la alta cualificación de su mano de obra, un casi inexistente intervencionismo estatal y un bajísimo impuesto de sociedades, ha conseguido ser la nación europea que más crece y que menos ha notado la crisis. Hacia principios del siglo pasado, Varsovia era una de las capitales europeas más distinguidas en el plano cultural, social e incluso industrial. Ahora, en un breve periodo de tiempo puede volver a serlo. No será el caso de Barcelona o Madrid, más interesados en la concesión de Eurovegas. Sin tantos recursos como los de nuestro país, Polonia ha resurgido. La cálida y despreocupada España se hunde poco a poco. Y nosotros parece que no queramos hacer nada para poner remedio.