Una de las últimas medidas del Gobierno de Zapatero fue regularizar el trabajo de las empleadas -la mayoría son mujeres- del hogar, tanto fijas como discontinuas. Estas últimas, que son las que prestan servicios laborales por horas, se pagaban su propia cotización antes de que se aprobara la regulación laboral mencionada. Con el nuevo sistema, estas trabajadoras han sido equiparadas al régimen general de la Seguridad Social y han dejado de cotizar porque quien debe hacerlo ahora es la empleadora. No obstante, lo que ha ocurrido en la mayoría de casos es que las empleadoras no han querido proceder a esta regularización, con lo que las empleadas del hogar, el día de mañana, no tendrán pensión de jubilación y estarán trabajando en negro. Por otro lado, en muchos de los casos en los que sí se ha regularizado, las empleadoras han exigido a sus empleadas una bajada de sus honorarios, por lo que, en la práctica, quien tiene la suerte de trabajar y de no ser despedida se sigue pagando su propia Seguridad Social. Haría bien el Gobierno en intentar solventar esta situación que, guste o no, por desgracia se produce diariamente.