Siempre me he preguntado cuál podía ser la gracia de las operaciones a corto para el que las hace y para la entidad que las ofrece. Para que el cliente gane es necesario que las acciones bajen lo suficiente como para cubrir el coste que le cobra la entidad bancaria, pero si la entidad que ofrece el servicio ve sus acciones devaluadas no hace buen negocio. La solución es ir prestando las acciones que los clientes ingenuamente contratan a través de una entidad y que, por tanto, les custodia. La entidad les cobrapor custodiarlas y encima se las deja a especuladores para que intenten hacer bajar las acciones perjudicando a sus otros clientes. Esto es algo sumamente inmoral y por ello me alegro de la prohibición del Gobierno de hacer operaciones a corto.
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