Para la inmensa mayoría de las familias, el inicio del curso escolar se está convirtiendo en una auténtica tortura. Muchos de los padres están en paro y no tienen dinero para comprar libros -en una familia con dos hijos los gastos de material escolar pueden ascender a 600 euros. ¿Para qué tantos libros, ordenadores y material escolar cuando la educación debería ser gratuita? La abundancia de libros es más bien un negocio. En mis tiempos escolares no teníamos más que tres libros, e incluso nos sobraban; y a pesar de todo, la enseñanza de entonces no era peor ni mejor que la de ahora. Personas muy cultas de más de 40 o 50 años, formadas en la antigua escuela, aprendieron sin tantos medios porque lo importante no era la cantidad sino la calidad: el despertar el interés por aprender, y esto no requiere dinero. La cultura y el aprendizaje no debe ser materia de negocio ni de explotación comercial o económica, sino una cualidad de las relaciones humanas y sociales.