Hace poco se conmemoró el 70º aniversario del internamiento de miles de judíos en campos franceses, concretamente en el de Drancy, antes de su deportación a los campos de exterminio del este de Europa. Sin duda ha sido uno de los hechos más dramáticos y vergonzosos de nuestra historia colectiva. En Francia, como hemos visto hace unas semanas, es un episodio aún doloroso, pero donde parece que las autoridades correspondientes han asumido las responsabilidades y el perdón que las víctimas y sus familiares estaban esperando. Ya hace unos años leí una obra breve pero extraordinaria y conmovedora, escrita por Patrick Modiano y titulada Dora Bruder. "Lleva tiempo lograr que salga a la luz lo que ha sido borrado", dice el autor en las primeras páginas del libro. Modiano, a partir de los pocos datos de los que dispone de la vida de una chica (Dora Bruder), sigue su rastro en el París ocupado y la rescata de un olvido que no admite ningún tipo de compasión. La obra se convierte, en el fondo, en una lucha por la pervivencia de la memoria. Años después de leer este libro, visité el Memorial de la Shoa, en el barrio de Marais, en París. En la entrada, sobre un muro, están escritos por orden alfabético los nombres de todos los deportados, entre ellos el de Dora Bruder. No pudieron borrar ni su nombre ni su historia. Su presencia y la de todas las víctimas quedarán para siempre en nuestro recuerdo. La memoria tiene una fuerza inmensa y libros como este son un documento esencial para una vida más humana.