Soy un jubilado -obrero desde los 11 años- que malvive con 618 euros al mes. En agosto de 1995 sufrí un grave accidente de trabajo y padezco una discapacidad del 72%: me rompí 10 costillas, la clavícula, el peñasco temporal y me agujereé un pulmón. Tengo una capacidad pulmonar del 48%, vértebras pinzadas, escoliosis, artrosis, diabetes, triglicéridos altos y hernia de hiato, entre otras cosas. Era autónomo y no pude cobrar nada. Un año después, me dieron el alta y demandé a la Seguridad Social, me declaró pensionista y, al año, sin que ningún médico me visitara, los jueces me dieron de alta y tuve que trabajar sin poder hacerlo. ¿Es de cristianos ver este tipo de injusticias y no hacer nada? No: eso es de fariseos, o lo que es peor, de oportunistas.
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