Soy usuario asiduo de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya desde hace más de ocho años: seis días a la semana hago el recorrido Terrassa-Plaça Catalunya, que supone un gasto mensual de casi 90 euros. No hay semana que no vea a alguien que se cuela en el tren, y muchos días no hay ningún responsable en la estación para controlarlo. Los sábados por la mañana cojo el tren a las 8.00, y siempre encuentro alguna vomitona de la gente que viene de fiesta, los asientos sucios de apoyar los pies y personas que escuchan música con el móvil sin los auriculares. El precio que pagamos los que viajamos legalmente y respetamos las normas es alto en relación con el mal servicio que se presta.
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