Tengo 32 años, soy abogada y estoy en paro. Como muchos licenciados, aprovecho esta época de crisis para seguir estudiando, por lo que estoy cargada de posgrados, cursos y demás formación complementaria para no dejar de estar al día y poder exigir un puesto de trabajo que se corresponda con mis conocimientos y esfuerzos. Tengo un sentimiento de descontento, de querer quejarme y no saber a quién, de decepción y al mismo tiempo de resignación, de ver cómo funcionan las cosas en este país y del poco futuro que tenemos. Llamo a todas las puertas posibles (por correo electrónico, por correo postal y en persona, con el currículo en la mano) y recurro a amigos y familiares, pero no hay nada que hacer. No hay respuesta. Estoy buscando lo que sea para seguir adelante con mis proyectos. Intento que la emigración sea el último que pueda hacer. Hace unos días tuve una entrevista. Aunque no tiene nada que ver con mi profesión, eso me animó. Pensé que empezaba a haber actividad, aunque fuera mediante empresas temporales; la cuestión es no dejar de estar activa. Me preparé para la entrevista; me informé de la empresa en cuestión, filial de una importante entidad financiera catalana; de cuál es su filosofía y su logística. En una salita me recibieron una responsable de recursos humanos y una jefa de sección. La primera, muy simpática y agradable; la otra, ni siquiera me dio los buenos días. Noté que me evaluaban en todo: aspecto físico, cómo hablo, el lenguaje corporal... Después de recitar el currículo, me dijeron que su oferta era un contrato de obra y servicio por un mes para atender el aumento de quejas y reclamaciones de clientes. Algo funciona mal. O la gente hace mal su trabajo o los clientes se han vuelto más intolerantes. Pero, ¿no les da vergüenza ofrecen estas condiciones laborales? Me indigna que alguien (sea quien sea) vea a diario ofertas de contratos que no llegan ni a ser basura, que el Estado no haga nada, que entidades privadas de renombre, que siguen adelante con dinero de los ciudadanos ofrezcan esta inseguridad laboral. Me dijeron que sentían mucho que "la incorporación a la plantilla sería imposible¿. Es alucinante cómo los empresarios se aprovechan de los afectados, y es increíble la indefensión que padecemos.