El 11 de octubre hicimos huelga en la universidad para "rechazar los ataques constantes a la integridad de la educación pública catalana". Otra vez. Como estudiante, es frustrante ver que encadenamos una huelga tras otra sin conseguir nada y que cada vez estamos peor. No es solo el aumento de la matrícula -desorbitado, injusto y muy superior al resto de comunidades autónomas-, sino el fracaso de la implantación del plan Bolonia, la disminución de sesiones prácticas -sustituidas por clases magistrales con una ratio más elevada de alumnos- y la fuga de docentes a la universidad privada por la reducción de sus salarios. La situación es insostenible, no se puede seguir recortando en los ámbitos que marcarán el potencial y el futuro del país, pero los estudiantes ya estamos cansados. Cansados de malgastar tiempo y esfuerzo en unas reivindicaciones que no escucha nadie. Al final, los únicos perjudicados por la huelga somos nosotros, que perdemos horas docentes, y la precariedad de la educación sigue aumentando. Yo propongo hacer las huelgas en días no lectivos y que consistan en hacer más clases. Por ejemplo, los profesores podrían dar clases voluntarias en la plaza de la Universitat algún domingo a las que pudiera acceder todo el mundo: al fin y al cabo lo que pedimos es educación de calidad y accesible para todos. Eso sí que demostraría la voluntad de los estudiantes de preservar la integridad del sistema universitario público. Una huelga un día antes de un puente solamente genera una mala imagen de nuestro colectivo. El 11 de octubre hicimos huelga en la universidad para «rechazar los ataques constantes a la integridad de la educación pública catalana». Otra vez. Como estudiante, es frustrante ver que encadenamos una huelga tras otra sin conseguir nada y que cada vez estamos peor. No es solo el aumento de la matrícula ¿desorbitado, injusto y muy superior al resto de comunidades autónomas¿, sino el fracaso de la implantación del plan Bolonia, la disminución de sesiones prácticas ¿sustituidas por clases magistrales con una ratio más elevada de alumnos¿ y la fuga de docentes a la universidad privada por la reducción de sus salarios. La situación es insostenible, no se puede seguir recortando en los ámbitos que marcarán el potencial y el futuro del país, pero los estudiantes ya estamos cansados. Cansados de malgastar tiempo y esfuerzo en unas reivindicaciones que no escucha nadie. Al final, los únicos perjudicados por la huelga somos nosotros, que perdemos horas docentes, y la precariedad de la educación sigue aumentando. Yo propongo hacer las huelgas en días no lectivos y que consistan en hacer más clases. Por ejemplo, los profesores podrían dar clases voluntarias en la plaza de la Universitat algún domingo a las que pudiera acceder todo el mundo: al fin y al cabo lo que pedimos es educación de calidad y accesible para todos. Eso sí que demostraría la voluntad de los estudiantes de preservar la integridad del sistema universitario público. Una huelga un día antes de un puente solamente genera una mala imagen de nuestro colectivo.
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