En los últimos días, dirigentes, intelectuales y periodistas se han servido del argumento de que Catalunya se levanta de la mesa ahora que tiene las de perder. Nada más lejos de la realidad. Es humanamente común pedir que las necesidades de un territorio y de una población sean cubiertas por la riqueza que genera la propia población, si la genera. Como lo es común atender a tales reclamos. Tan aplastante es lo que se pide como la pluralidad de voces que lo defienden. Las familias no reclaman por reclamar, no está en nuestros genes quejarnos. Un ejemplo muy ilustrativo del carácter abierto del movimiento es el apoyo de los inmigrantes andaluces de muchos años atrás. Desde Catalunya no se alimenta el entusiasmo de las masas ni se realza la supuesta belleza de la independencia con clamores poéticos e ideológicos. El movimiento catalán no está cargado de ideologías ni resentimiento. Con la vista puesta en Europa, solo deseamos que nuestro futuro tenga buenas conexiones más allá de los Pirineos.